LXXII "Interrogatorio"

49 0 0
                                        

Vale POV

--Buenos días, ¿Cómo estuvo la Suit?.--preguntó una voz, seguida del sonido de la pesada puerta abriéndose.

--Mejor de lo que crees.--contesté girando los ojos y viendo entrar a la pelirroja con un plato que llevaba dos tostadas con fetas de jamón curado encima y una taza de lo que parecía ser café.

--No quiero que mueras de hambre.--habló, tendiéndome el plato.

--Oh, que considerada...¿Cómo sé que no tiene veneno?.--pregunté subiendo mi barbilla.

Rió levemente, parece que estaba de buen humor.--Sabía que dirías eso... mira.--Llevo su mano derecha a su cintura y sacó una daga, una daga exactamente igual a la que Lucía nos había mostrado a Bruno y a mí en el hospital.--Cortaré un pedazo de pan con jamón de ambas tostadas, y luego me beberé un trago del café.--Soltó observándome, posé mi mirada sobre ella, instándola a continuar. Tal y como dijo, lo hizo, y luego de eso, nuevamente me tendió el plato.

Lo tomé y comencé a comer con un poco de rapidez, el hambre que tenía era mucha.

--¿Cómo sabes que no bebí el antídoto del veneno antes de consumir eso?--habló con una sonrisa. Paré de comer y la observé unos segundos, para luego verla soltar una carcajada.

Giré los ojos y continúe hasta que ya no quedaban migas de pan ni gotas de café.

--Quiero ver a Di Carluccio, quiero hablar con ella.

--Es una mujer ocupada, ¿Sabes?, controlar una organización tan grande como la suya no es nada fácil.

--Oh, estoy segura de eso, pero supongo que tiene razones para tomarse las molestias de dormirme y encerrarme aquí, ¿No?

--Ya tendrá tiempo para venir a verte, ni siquiera tiene un lugar en su agenda para las personas a las cuales quiere, ¿Qué queda para ti?, una completa extraña...--sonrió, pero noté un deje de melancolía en sus palabras y ví como frotaba un anillo en su dedo anular.

Un breve silencio se apoderó de la habitación.

--Tu... le extrañas, ¿cierto?

La mujer subió sus ojos celestes a los míos frunciendo el seño de manera interrogante.

--¿Qué estás insinuando?

--La extrañas, porque la amas, se aman y aún así no puedes tener un momento con ella.

--¿De donde sacas esas idioteces?--respondió bruscamente, apartando la mirada.

--¿Sabe?, yo también tengo mis investigadores privados, estoy al tanto de su relación con Antonella, señorita Alzaga.--respondí tanteando el terreno.--Además, reconozco cuando una persona está perdidamente enamorada.

--¿Antonella?¿Ibaís juntas al Kinder para decir su nombre tan despreocupadamente?--gruñó en resignación... o probablemente celos.

--No, para nada, sólo quiero calmar un poco las aguas, yo también tengo personas a las que quiero en casa y no deseo que esperen por mí regreso por mucho tiempo más.

--¿La linda Rubia es una de "esas" personas?--consultó, entrecerrando los ojos en jugueteo.

No respondí.

--¿Sabes que el no responder lo hace incluso más obvio?--se burló al instante.

--¿Cuándo podrá venir Antonella?

--¿Ignoras mi pregunta?, bien, tu me cuentas que hay entre tú y esa tía, y yo veo cuando puedes tener una asamblea privada con Di Carluccio, ¿Es un trato?

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Dec 18, 2025 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

ARAGONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora