*Basado en House of the Dragon*
Alyssa Targaryen, hija mayor del rey Viserys I y su primera esposa, Alys Lannister, pero para ella, no hay más madre que Aemma Arryn, la madre de su hermana Rhaenyra.
No era la sombra de su hermana, sino la princesa...
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—¿Cómo se atreve? — espetó Lancel.
—Se han cometido demasiados errores: Visenya sin saber controlar a su usurpador, Cole paseando la cabeza de Meleys, ¡si nuestra madre hubiera caído ahí, también la habría humillado! — Jaehaerys seguía colérico por lo ocurrido un par de horas atrás—. Daemon tampoco pone de su parte.
—Es la princesa, si La Gran Matriarca se entera...— empezó Rhaenys.
—No lo hará, podemos frenar los rumores que vengan de ahí— interrumpió su hermano mayor.
—¿Cómo? — inquirió Viserys.
—Con ella— tomó la mano de Mía y la besó, ella sonrió con pesar—. Ya volvió Sindarin.
Mía Casco asintió, era ahora o nunca, antes de que el dragón volviera a salir y quemara todo Poniente, verlo volar a Harrenhal alentaría a los enemigos a saber que se reagrupaban, aprovechaban muy bien la posición bastante mejorada, ahogarían a los Verdes y podría cuidar mejor de su Señora. Alyssa no estaba bien para volar o tomar desiciones, mucho menos encontrarse sola y vulnerable en un sitio que le traía tan malos recuerdos y la obsesionaba casi hasta la locura. Rhaenyra exigió ver a a Jaehaerys porque no encontraba a su hermana por ningún sitio y se veían a los dragones volando. Mía, teniendo sangre valyria al ser una bastarda, nacida del príncipe de Lecho de Pulgas, tenía oportunidad frente a un dragón. Subió a la cueva de donde sacó a Alyssa un par de días atrás, el dragón estaba colérico por la ausencia de la nidada cuando se anunciaron ahí.
—Sindarin— abrió sus fauces—. Dohaeras— en lugar de fuego, sólo rugió—. Lykiri, ¡lykiri! — alzó la mano mientras se arrodillaba y este se acercó—. Prometo que vengaremos la muerte de Quenya— y pareciera que la mención de su dragona, de su gemela, lo llenaba de una furia radiante que cobijó a la bastarda, se alejó de los gemelos antes de subirse y habló casi en un susurro—: Soves— Mía emprendió vuelo y dio un par de vueltas a Roca Dragón acompañada de Isilya y Valyria con un solo pensamiento: Alyssa.
La princesa Targaryen comenzaba a mostrar molestias para dormir, cierta dificultad incluso para dar vueltas, llevaba apenas un camisón que quería quitarse por el calor abrasador que la lastimaba, no era para nada disfrutable, ni todo el vino de Poniente la ayudaría a calmar la sed. El mejor con la espada. Dio una vuelta y sintió el brazo de Daemon envolverla, antes de que ella se acoplara a la anatomía de él, sintió un tirón de su prenda. El valiente jinete de dragón. Veía bastante borroso cuando la fría navaja pasó a prisa rosando su piel aterciopelada y cubierta de sudor frío, ella no lo estaba disfrutando. Tu hermano tenía un gran amor en su corazón. Lo escuchó susurrar el nombre de Viserys cuando besaba su cuello con lujuria y algo despertó en ella, eso no estaba bien, intentó empujarlo y la besó con fuerza. Pero le faltaba tu complexión. La apretó del cuello y la puso boca abajo mientras envolvía su pecho y se colocaba en su entrada. Viserys no era apto para la corona. La jaló del cabello para aprisionar sus labios de nuevo y la princesa no quería seguir, necestiaba que quitara sus manos de sus senos, se jaló y él la puso debajo de su cuerpo antes de morder su clavícula, ella gritó de dolor, intentó empujarlo y él fue más abajo. Pero tú... Daemon, tú estás hecho para tenerla. Tomó al príncipe con las piernas para intentar empujarlo, así que él le hizo un par de corte para lograr que la soltara. Si tan sólo hubieras nacido primero, mi hijo favorito. La tomó del cuello manchándola de su propia sangre y Alyssa lloraba desesperada que se quitara de encima, con algo de esfuerzo le dio un puñetazo al rostro antes de salir corriendo del cuarto, dando trompicones, intentando envolverse con los girones de camisón y esperando que nadie la viera, subiría a Vermithor para no volver.