*Basado en House of the Dragon*
Alyssa Targaryen, hija mayor del rey Viserys I y su primera esposa, Alys Lannister, pero para ella, no hay más madre que Aemma Arryn, la madre de su hermana Rhaenyra.
No era la sombra de su hermana, sino la princesa...
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Alyssa gritaba y gruñía con fuerza. Lancel custodia la entrada. Mía ayudaba a las matronas y parteras. Joanna y Tywin aguardaban cualquier noticia. Jason había salido de cacería con Kevan y sus allegados, mientras Daemon, Laena, Rhaenyra y Laenor deambulaban en una habitación, en espera de que Tyland les informara cualquier noticia. Quenya gruñía igual que su jinete, lloraba igual que su jinete y, cuando se escuchó el llanto del bebé, la madre de dragones rugió, un rugido al que se unieron los cuatro dragones visitantes y sus dos hijos mayores. Alyssa limpió a la cría, se puso de pie con esfuerzo, Lancel la ayudó a llegar hasta la sala donde reunió a su familia.
—Hembra— dijo Lancel.
—Les presento a Visenya Targaryen— sonrió Alyssa muy apenas.
—Debes descansar— Joanna cargaba a su bisnieta.
—Para nada— recibió a su hija de vuelta—, ¿vienes, Laena?
—Es un honor.
Ambas primas sobrevolaron Roca Casterly, la princesa Targaryen llevaba a su recién nacida en brazos, que sintiera la brisa, que se acostumbrara al aire y a las alturas. Vaghar y Quenya se divertían de volar juntos, Alyssa casi podía asegurar que la dragona de su prima había puesto el huevo de donde había nacido su dragón. Quenya rugió, la bebé lloró y el dragón lloró, así que la madre puso la diminuta mano en las escamas de su bestia. La bebé rio al sentir esa cosa extraña tocando su mano.
—Alyssa, no deberías estar volando.
—Hola, Jason, te presento a tu hija.
—Joanna, como nuestra abuela.
—Para nada, Visenya, como una de las hermana-esposa de Aegon el Conquistador, porque mi hija está llamada a la grandeza como su antecesora— Jason no estaba conforme, iba a seguir a su esposa y Daemon apareció en la escena.
—¿Vas a alguna parte?
***
La princesa fue a presentar a su hija a la corte, luego de que se cayeran todas sus escamas y fuera seguro el viaje para ambas. Aprovechando su visita, Alyssa fue a conocer a su hermano Aemond, ya que su hija y él tenían la misma edad, apenas unos días de diferencia, también a él le entregó un huevo. También fue con su padre para ser al primero en darle la noticia, estaba en cinta de nuevo.
—Es muy pronto.
—Han pasado seis meses.
—¿Y fue como la concepción de Visenya?
—¿Cambiaría algo si dijera que no?
—Preferiría que permanecieras en la corte.
—Estaré bien, padre.
—Sé que Lancel no permitirá que te haga daño de nuevo.
—¿Quién cuida de Alicent cuando la llamas a tu recámara? — el rey se acomodó en su silla—. Exacto, a puertas cerradas, siempre es otra historia.
—Dile a Joanna que me tenga informado.
—Ni lo menciones, sabes que estaré bien.
***
—Quiero entrar contigo.
—No.
—Es mi hijo.
—Los hombres no pueden entrar a la sala de parto.
—Ya entraste en labor de parto.
—Solo quieres compensar por no estar ahí cuando nació Visenya.
—Joanna Lannister dijo que debía estar ahí contigo.
—Bien, pero no estorbes a Mía.
Algo que la sorprendió, fue que Jason sostuvo su mano en todo momento, Mía y las matronas manipulaban a la princesa, quien batalló poco menos en esta ocasión, fueron menos horas de parto. Ninguno de los esposos concibió que se manipulara su vientre para que el bebé naciera, y no hubo falta, porque el pequeño bebé fue casi expulsado con un gruñido de Quenya y de la madre. Alyssa respiraba agitadamente mientras veía a las doncellas limpiar al fruto de su enlace.
—Kevan Lannister, como mi padre.
—Estás muy equivocado— carcajeó al recibir a su bebé.
—¿Cómo le pondrás? — dudó Lancel cuando la princesa de Roca Caterly salió.
—Maegon Targaryen— sonrió a su familia. Laena fue la primera en cargar a su sobrino.
—Idéntico a la madre— Laena besó al pequeño.
—¿Daemon, vienes?
—Creí que no lo pedirías— Laena entregó el bebé a su esposo y reverenció, se iría a recostar porque el viaje fue más largo que la última vez, ya que no estaban cerca de casa, sino del otro lado del mar.
Claro que los Lannister y sus súbditos la juzgaban por querer volar cuando recién había nacido el niño, cuando la madre ni siquiera se había bañado. En esta ocasión, la bisabuela no había conocido al nuevo integrante de la familia. Ese era un increíble vuelo, a Quenya y Caraxes los seguían las crías de la primera. Alyssa lloraba de felicidad al ver que su legado se preservaría por cientos de años, tanto por sus dos hijos como por todos sus dragones.
*** Un par de años después
—Aquí en Vale miran raro a mis dragones.
—Viniste con toda la comitiva, ¿qué esperabas?
—Mi señora, tengo un huevo de dragón— entregó a Laena.
—Muchas gracias, princesa.
—Me quedaré con ustedes hasta que tenga lugar el parto, si no les molesta.
—Sabes que siempre eres bienvenida aquí— Laena le estrechó la mano. Al ver que fueron gemelas, Alyssa no dudó en entregarle otro huevo. Quenya y Vhagar volaban mientras Caraxes sentía la angustia de su jinete.