LXXI

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—Los señores de los ríos esperan.

—Acompáñame, lord Oscar— sir Simon ya había ofrecido el brazo a la princesa y anduvieron enfrente del rey y el lord, viendo a la gente afuera, a pasos decididos, donde todos juzgaban con la mirada a alguien que consideraban un niño, la princesa ya se había posicionado junto a su tío—. De la oscuridad profunda surge el amanecer. Un nuevo señor, un nuevo comienzo, pongamos todas las desavenencias en el pasado.

—Bienvenidos, mis lores. Tienen mi agradecimiento por venir a mi llamado, sé que no soy el hombre que fue mi abuelo, pero espero comenzar bien, y...continuar así.

—Bien dicho, una cosa es clara, los de Riverlands honran las viejas formas y acatan la tradició, aquí está la tradición: lord Glover está muerto y lord Oscar asciende en su lugar. Fueron convocados aquí para reanudar su lealtad a él, y como sus banderizos, contestar a su llamado.

—¿Y qué llamado es ese?

—En su sabiduría, me ha jurado su casa y las suyas.

—Lord Oscar, por generaciones hemos sido guiados por el juicio de sus ancestros, ¿por qué debemos seguir a un niño, aún más joven que mis hijos, que se alínea con alguien que profana a los inocentes para alcanzar sus metas?

—Solo hice lo que fue necesario, milord. Y ahora entrego al traidor, Amos Bracken, y a su hijo.

—No es más traidor a su tierra que usted, Willem Blackwood.

—Entiendo bien sus palabras, lord Piper, y concuerdo, soy joven. Tampoco tengo aprecio por Daemon Targaryen, se ha deshonrado a sí mismo y a la corona con su... comportamiento aquí. Sin embargo, con tan poca experiencia para guiarme, mi mejor camino es acatar el juramento que mi abuelo le hizo al rey Viserys cuando nombró a Rhaenyra su heredera. No veo razón para hacer a un lado la lealtad, sin importar lo repugnante que encuentre a su representante, el príncipe.

—Rey, cuida tu lengua, niño.

—¿Quieres un ejército o no? Soy un señor de los ríos y la palabra de mi casa se mantiene, aun si ciertas personas no son dignas de ella.

—Su señor Oscar es osado y tal no se equivoca, pude ser un poco entusiasta en la búsqueda de mis metas, pero no dejen que mis fallas les eviten apoyar a un hombre íntegro.

—Lord Oscar, honramos las viejas formas, como dice el príncipe Daemon, y las viejas formas piden que se haga justicia.

—¡Sí!

—Se ha hecho justicia, se arrodillaron ante el usurpador y fueron hechos responsables. Y ahora nos unimos frente a nuestro señor feudal, la princesa y nuestro rey consorte— Willem Blackwood desenvainó la espada y la puso a los pies de Oscar Tully mientras hincaba la rodilla.

—Lo acepto como mi vasallo, Willem Blackwood, pero... soy el señor supremo de todas las casas de los ríos. Solo hay una respuesta por los crímenes que cometió contra sus vecinos.

—Sólo hice lo que su majestad, el rey, requirió de mí— Alyssa se alejó de su tío mientras lo fulminaba con la mirada—. Es cierto que dejó en claro sus deseos.

—Pero usted no tenía por qué cumplir con tal salvajismo.

—Lo hizo porque quiso hacerlo.

—Nuestro joven lord habla con la verdad.

—Captúrenlo.

—Mierda, no puede hacer esto— se quejaba mientras dos guardias lo sujetaban de ambos brazos. Daemon palmeaba el mango de la legendaria espada valyria mientras su sobrina lo veía—. Majestad, dé la orden, solo le he servido.

Hija del trono de hierroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora