LXXV

63 3 1
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Joanna se sentía cada día más sola

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Joanna se sentía cada día más sola. Mandó a uno de los criados a montar guardia junto a la propia guardia. Hacía casi una semana que Tywin marchó con un primer pelotón, con sus leones, con sus criados de mayor confianza y con las tropas listas por si se cruzaban a Maegon. Mas la carta de Mía, enviada desde Harrenhal, informó que su nieta cada día mostraba peores los síntomas, así que mandó a Elle y sus damas a orar por la pronta recuperación de Alyssa, pues todo se vería perdido si ella moría. Después, Visenya informó que Hafsa había llegado bien a Poniente, por lo que reunir a los bastardos de Daemon debía servir de algo. Su bisnieta tenía el mejor plan en mente, solo ella sabía cómo funcionaba y si daría frutos, solo necesitaban confiar en los dioses y en ella.

—Mi Señora...

Elle abrió las puertas de su biblioteca privada, Joanna Lannister yacía en un sillón junto a la chimenea, dejó su poesía de lado para prestar toda su atención en su nieta.

—Es Lord Lannister.

Se levantó presurosa a arrebatarle la misiva e ir hacia las criptas, siempre que se trataba de correspondencia de su hermano, bajaba ahí para leerla al pie de sus padres o sus hijos, de quien necesitara consuelo en ese momento. Esta vez no fue la excepción, el Rey del Oeste escucharía sus palabras. Tomó una antorcha y la llevó consigo para iluminar un poco el lugar. Pidió a los dioses y su corazón dio un vuelco al saber que vio a Maegon, en dos días máximo vería por fin a su muy amado nieto. Lloró de alegría y besó los pies de su padre.

—¡Elle, Kevan! — corrió de vuelta en busca de los nietos que aún vivían con ella—. ¡Kevan! — ahora estaba furiosa por no llegar pronto.

Anduvo por los pasillos y ordenó a los criados movilizarse o los lanzaba a la fosa de los leones. Nadie sabía darle respuestas y era por el miedo al pequeño Kevan o la ira de la Gran Matriarca. Escuchó el llanto y las súplicas de su nieta, así que anduvo a prisa en esa dirección y la cólera la embriagó cuando vio al varón intentando forzar a su esposa. Lo jaló del cuello y lo azotó contra el suelo.

—¡Es mi esposa!

—¡Así no, idiota! — lo abofeteó—. ¿Ya se te olvidó lo que le hicieron al último que intentó eso?

—Quedó irreconocible— dijo con asco.

—Y no querrás ser el siguiente ahora que su hijo está por llegar.

—Ese maldito niño...

—Ese niño es tu Señor y le debes lealtad y respeto.

—Eso está por verse— se soltó de su agarre y escupió al suelo.

—Más te vale estar ahí cuando llegue. Ese Rugido es mucho más potente que el tuyo o el de cualquiera de tus hermanos.

Kevan salió hecho una furia, acomodándose la masculinidad, la poca que le quedaba. Elle lloraba en el suelo, con el rostro escondido entre sus manos por la vergüenza de que la hayan visto de ese modo. Suspiró con pesadez y se agachó para quedar a la altura de su nieta, ahora se lamentaba tratarla de ese modo.

—Hay días mejores.

—Debiste venir a mí.

—¿Y humillarme?

—Humillación la bajeza que hizo y no vuelvas a solaparlo, ¿escuchaste? — la aferró del mentón—. El mundo es cruel, te comerá viva si no pones de tu parte. Le vas a hacer frente y se arrodillará para pedirte perdón.

—Es mi esposo.

—Y yo la Señora de la Roca. Mi autoridad está por encima de la tuya y, sino, el derecho de pernada me respalda.

—¿No lo abolieron nuestras abuelas? ¿Las Conquistadoras?

—Por eso peleamos por Alyssa, por lo que es justo.

—Debemos decirle que su hijo está vivo.

—No lo habría dejado marchar y no permitiría que Visenya pelee por su legítimo derecho.

—Pediré que tengan lista su habitación y que cacen los mejores manjares.

—Que lleven la nidada que puso Quenya antes de irse.

—Luego de tantos años, seguro ya se petrificaron.

—Haz lo que ordené.

Joanna Lannister se puso de pie y alisó su vestido. Pidió que asearan hasta el último rincón de la Roca, que prepararan un séquito y los centros de mando, así como recolectar ovejas, cabras, toros y cerdos para alimentar al dragón de Maegon en caso de que viniera a su buscar a su jinete. La Gran Matriarca tenía un aura rejuvenecida al sentir que podría ser de mayor utilidad, poniendo un centro de mando para guiar la campaña junto a sus nietos y procurando la salud de la Leona Targaryen.

Y la entrada triunfal de Maegon y Helaena, junto a su hijo Maelor. Porque eran rumores dentro de Roca Casterly, cosas que se aprobaban porque sabían que las mismas habladurías de Alyssa. La Reina de la Roca se secó las lágrimas, era un momento en que podría permitirse ser sentimental, mas no por los tiempos que corrían. Reverenció a su nieto, este le besó las manos antes de jalarla para abrazarla y darse fuerza el uno al otro. La guio con la mano para presentarlas.

—Joanna Lannister, he aquí a Helaena Targaryen, la doncella más dulce de mi estirpe.

—Princesa, sea bienvenida.

—Ha hablado maravillas de usted y de su Casa.

—Nada mejor para nuestro Señor.

—Y aquí, el fruto de nuestro amor.

Entonces sí, la Matriarca de los Leones se permitió romperse y deseó que Tywin estuviera con ella, para ambos ver a su tataranieto: su hija Alys tuvo a su nieta Alyssa, su hijo Kevan tuvo a su nieto Jason; Alyssa y Jason tuvieron a su bisnieto Maegon y este, en aras de la prosperidad, tuvo a su tataranieto Maelor Targaryen. No se imaginaba que ese día llegara, pues ella era una mujer salida del molde, la mayoría de las mujeres morían en el parto o a los pocos días. Ella no, ella sobrevivió a sus hijos, quizá el castigo de los dioses por no ser empática con la situación de su prima Alysanne.

—Sean bienvenidos. La Roca es suya.

Hija del trono de hierroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora