LXXIX

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Y no sabía si podía confiar en ella o no, los Targaryen no tenían la misma fama que otras casas con respecto al poder de su palabra, de su honra

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Y no sabía si podía confiar en ella o no, los Targaryen no tenían la misma fama que otras casas con respecto al poder de su palabra, de su honra. Porque la palabra era el sello de cada hombre que debía ser vengado en cuanto se viera ofendido; y, sin embargo, ella era Aemma Lannister, la princesa Targaryen que se movía entre ambas aguas, encarnando a la perfección la idea que su abuela quería en ella: ver reflejada a Alyssa Targaryen y Jason Lannister, sus padres, en ella. Porque no podía hacer caso a las maledicencias, eso era traición, por algo había aceptado ayudar a su prima Rhaenyra, porque en un mundo de hombres, las mujeres debían cerrar filas.

—¿Y eso en dónde deja a Alyssa y su reclamo?

—Bien dicen que le fallaron a Rhaenys su día.

—Ni usted ni yo existíamos.

—Se instauraba una sospecha, por algo tanto Daemon como Corlys convocaron a sus abanderados.

—Traición aferrándose al poder.

—Es vicio tomada por efectismo.

—No podemos menospreciar la intencionalidad.

—Ni tolerar la incompetencia.

—Pero aquí estamos, prendadas de la misma mujer y sabiéndonos con las manos vacías.

Sara Snow le sonrió a Jeyne Arryn, la anfitriona. La hermana bastarda de Cregan, como la gente fuera de la corte Stark le recordaba, llegó con una comitiva enviada por su propio hermano, los guardias quedaron fuera de la habitación por orden de su Señora porque sabía que ahí no corría riesgo alguno, pues se trataba de una aliada de su hermanita, de su cuñada, de una mujer que la valorizó desde el principio.

—¿Cuánto tiempo se va a quedar?

—El tiempo que me permita.

—Eres bienvenida el tiempo que lo desees.

Terminaron de comer y beber antes de pedirle a las damas de compañía que la escoltaran a su pieza. Sara Snow reverenció a la dama. Escuchó a los lugareños decir sobre bestias aladas demasiado lejos de Roca Dragón, sabía que su hermano había ido en su encuentro, así que debía adivinar si volvió a la primera residencia de los Targaryen, si había seguido a su madre a Harrenhal o alcanzado a su abuela en Roca Casterly. Sara recibió pergamino y tinta, dejó de lado sus lecturas para escribirle a su hermano, sabiendo que él iría a su encuentro a la brevedad.

Sé que esperas mejores noticias que esta, pero es todo lo que puedo informar por ahora. La princesa Aemma ha marchado y debo descubrir a dónde antes de iniciar viaje, pero informan que pensó en ti todo el tiempo que aquí residió; espero que las cosas en el Norte vayan mejor que aquí.

—¿Señor?

—Debemos apresurar el paso.

—Estamos por terminar aquí con los deberes.

—Mi esposa se ha perdido.

—No fue lo que dijo su hermana.

—No está en el Nido de Águilas, así que está perdida, no me ha informado de su llegada a otro lado, así que he de asumir que está desaparecida.

—¿Y las cartas del príncipe Jacaerys o el príncipe Jaehaerys?

—Hay que enviar una a su hermano, él no me negará paradero de la princesa Aemma.

—¿Es probable que solo nos estemos alarmado antes de lo necesario?

Lamento no encontrarla aquí, pero lamento más saber que no pudo aguardar a mi llegada o la de mi muy amado hermano, lord Cregan Stark, espero que las faldas de Lady Arryn sean de su agrado. Sé que los príncipes de la Vieja Valyria tienen cierto desdén, ciertas costumbres que a ojos ajenos parecen absurdas, disparatadas o sobrepasan los límites, pero la promiscuidad que ha perseguido a su madre ahora anida en usted. Deseo de todo corazón que, lo que me ha hecho a mí, no le ocurra jamás a mi hermano, o no la perdonaré jamás. Por favor, conteste a la brevedad a mis reclamos y súplicas por saber de usted. Su amado copo de nieve.

—Vaya, sí que lo arruinaste.

—Cállate— le dio un puño a su hermano.

—Es bastante oportuna la carta de Lady Snow— le enseñó la otra carta.

—Está bastante molesto.

—Amenazó con arrasar todo Poniente— ella palideció—. ¿Te imaginas la situación? Visenya contra Rhaenyra y Cregan contra Visenya. Establece justamente lo que necesitamos, yo diría que te escondas los siguientes diez años.

—Se van a acabar mis años fértiles.

—Nuestra madre está embarazada ahora mismo, la reina Alyssane tuvo a Gael en el invierno de su día.

—¡Solo es un decir!

—Bueno, al menos no dejaron escapar a Daeron, ¿o sí?

—Ya me disculpé.

—¿Problemas en el paraíso?

—A tu hermana se le ocurrió verse con nuestro tío y no apresarlo o matarlo.

—No es una amenaza.

—Irá a buscar a Otto Hightower, se va a reunir con Aemond, podrá envalentonar a Aegon y hacerse en nuestra contra.

—Viserys tiene razón, ¿al menos le rompiste el brazo?

—No.

—Bueno, hermana— le pasó el brazo por el hombro a la más joven—. Estamos jodidas.

Hija del trono de hierroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora