LXXVII

58 5 6
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Joanna Lannister les permitió tener un par de días alejados del bullicio de la guerra, disfrutarse el uno al otro y contemplar la existencia de Maelor, un pequeño niño que parecía como en casa, le gustaba pasar los días viendo las crías de león

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Joanna Lannister les permitió tener un par de días alejados del bullicio de la guerra, disfrutarse el uno al otro y contemplar la existencia de Maelor, un pequeño niño que parecía como en casa, le gustaba pasar los días viendo las crías de león. Helaena, aun con miedo, tomó a un cachorro y lo puso al lado del propio. Maelor lo jaló de una oreja y lo apretó contra sí mientras reía, de verdad que le gustaba y, para sorpresa de los padres, no echó en falta la ausencia de su huevo.

—Es tan hermoso.

—Y es nuestro.

—¿Cómo puede haber algo tan hermoso en medio de todo este caos?

—Para que puedas apreciar lo bello de la vida.

—¿Crees que tu abuela quiera salir al campo de batalla?

—No, lord Tywin está fuera, siempre que el rey parte, atrás queda su reina para regir en su nombre.

—Deberé preparar tu armadura, no puedes usar la tuya.

—Usaré la de mi abuelo Aemon.

Y su tono era solemne, incluso en personas tan imponentes y legendarias como Joanna, Tywin, Janei, Liliana Velaryon, inclusive la Bondadosa, mencionar al príncipe Aemon y la princesa Ceryce era hablar de seres tan cercanos a los dioses. Helaena besó las manos de su ahora esposo, definitivamente en sus hombros reposaba legado inmenso. Maegon volteó a ver a su hijo más pequeño y pensó en los gemelos: una niña un poco más lenta que Rhaenys en sus primeros años; un niño avispado, pero no lo suficiente, quizá los dioses lo habían bendecido a él con esos hijos y no a su hermana mayor, ya que Visenya en su día será coronada reina y necesitaba hijos fieros, ágiles de palabra y versados en casi cualquier arma.

—No te arrepientes, ¿verdad?

Sostuvo su rostro con tanta delicadeza, por miedo a que se rompiera entre ellas.

—No te atrevas a decirlo de nuevo— besó su frente—. Ustedes son lo mejor que me han pasado en la vida. Tú por nacer y darme hijos tan maravillosos.

—Entonces pelearé a tu lado.

—No.

—Es que no te estoy preguntando.

—Yo tampoco.

—Tu madre y tu hermana han peleado en cinta, incluso en avanzado estado de gestación.

—Sabes lo peligroso que es eso... no quiero que te pase lo mismo que a Alyssa.

—No me va a pasar.

—Maelor, ven un momento.

Era Joanna quien lo llamaba y, dado el tono, no traía buenas nuevas.

—¿Qué sucede?

—Vieron a Rhaenyra en Harrenhal.

—Debemos movernos— Maegon se puso de pie casi de un brinco y ayudó a su esposa a ponerse de pie.

—Tywin mandó misiva al príncipe Aemond exigiendo su presencia en Harrenhal, no puede tomar la fortaleza sin la madre de los dragones.

—Alyssa no permitirá que le arrebaten la Fortaleza, la ha peleado desde que tiene memoria.

—Y Aemond no iría en contra de mi hermana— acotó Helaena—. La ama.

—Daemon también la ama y se fue.

—Yo podría hablar con él.

—Ni pensarlo— sentenciaron la Matriarca de los Leones y el joven príncipe.

—Lo que debes hacer— intervino Kevan—. Es retirarte de la jugada.

—Déjenos a solas.

Maegon no tensó su voz, le sostuvo la mirada a su tío. Joanna reverenció a su bisnieto y extendió el brazo a Helaena para irse juntas.

—No te atrevas a hablarme de nuevo así, menos en frente de mi esposa.

—No debería ser tu esposa si tienes que esconderte para casarte con ella.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Por supuesto que sí— espetó.

—No, solo eres el hijo de un segundón. Jason y Alyssa eran primogénitos, ¿y tú?

—No he manchado la honra de ninguna mujer, tanto que te afanas de ser prudente y recto, cuando ella estaba casada.

—Te recuerdo que mi madre mató a su abusador, no importa que tuviera el título de esposo.

—¿Cómo te atreves?

—Con el poder que mi título me confiere como Señor de la Roca, si no te parece, dile a la abuela que acabe con esto.

—Roca Casterly es mía y de Elle, no pienso discutirlo contigo.

—Pues tú debes saber, que en la Roca, en Harrenhal, en Roca Dragón, ¡más allá de El Muro! ¡Incluso de Asshai! Mi palabra es ley y se obedece, o lo que le pasó a Viserra y Maegor será un paseo por el campo.

Hija del trono de hierroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora