Capítulo 48: Cajones del Corazón

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Alexandra y yo nos volvimos casi inseparables. Era curioso cómo, sin planearlo, nuestras vidas parecían correr en paralelo, como dos ríos que finalmente se encuentran después de serpenteantes travesías. Ella brillaba en la comisaría, se movía con una confianza que iluminaba la sala. Era como si el entorno la necesitara tanto como ella necesitaba ser parte de él. Su risa, contagiosa y clara, resonaba en cada rincón, creando un espacio cálido que atraía a cualquiera a su alrededor. Y yo, por mi parte, comenzaba a encontrar mi lugar en el hospital, aunque cada vez más notaba que nuestras similitudes iban más allá de nuestros roles. Había algo en ella que me atraía, una conexión difícil de explicar, pero que sentía crecer con cada conversación y cada mirada intercambiada.

Sin embargo, no solo yo me había percatado de ese magnetismo que Alexandra desprendía. Un día, observé una pequeña interacción que no pasó desapercibida. Daniella, con su habitual energía y sonrisa, parecía más nerviosa de lo normal después de cruzarse con Alex. Noté cómo sus mejillas se habían teñido de un leve sonrojo, algo poco común en ella. Cuando Daniella se cruzó con ella, su rostro se iluminó de una forma que me hizo pensar que había más de lo que parecía. No dejé pasar la oportunidad de bromear al respecto, aprovechando cada instante para sacarle esa risa nerviosa que tanto me encantaba. Había algo adorable en cómo trataba de disimular su vergüenza, pero su risa la delataba siempre, como si fuera un reflejo de sus sentimientos ocultos.

—Así que... Scott, ¿eh? —le dije con una sonrisa traviesa, levantando una ceja mientras la miraba con complicidad.

—¡No es lo que piensas! —protestó, aunque la sonrisa en sus labios traicionaba sus palabras y su mirada resplandecía con un brillo que no podía ignorar.

Poco a poco, empecé a darme cuenta de que la conexión que compartíamos no solo me afectaba a mí. Daniella, que siempre había sido una amiga leal, parecía tener un interés genuino en Alexandra. Por lo que había oído, la relación entre ellas se había forjado de una manera inesperada, y ese día, supe más de su historia. Resulta que días antes, Daniella había tenido un pequeño accidente cerca del hospital. Un choque leve, nada grave, pero lo suficientemente inesperado como para dejarla aturdida por unos momentos. Alexandra estaba justo detrás de ella cuando ocurrió y, sin dudarlo, se acercó a ayudarla. Esa acción parecía simple, pero en realidad, marcó el inicio de una conexión más profunda.

—No sé qué pasó, pero sentí... algo. Es como si todo lo demás desapareciera por un momento —me confesó Daniella, con una sonrisa tímida que intentaba ocultar sus sentimientos, pero que delataba su emoción. Me quedé pensando en cómo un simple gesto podía abrir la puerta a algo más.

Días después, para mi sorpresa, Daniella fue a la comisaría y le regaló un oso de peluche a Alexandra. Fue un gesto sencillo, pero no podía negar lo romántico que fue de su parte. Mientras veía a Daniella sonreírle a Alexandra con esos ojos brillantes, sentí una punzada de felicidad por ella. Desde entonces, Daniella y Alexandra habían estado interactuando con más frecuencia, compartiendo risas y pequeños momentos que parecían tener un significado más profundo del que ambas admitían.

—¿Y el peluche? —le pregunté un día, con una sonrisa burlona mientras la veía distraída en uno de los procedimientos, con un brillo travieso en mis ojos.

—Está en mi cuarto —respondió Alex, su rostro encendiéndose al instante—. Pero ya te dije que no es nada...

Era evidente que había algo más. ¿Cómo podría ser "nada" un regalo como ese? La forma en que su voz temblaba mientras intentaba ocultar la verdad me hacía sentir que había mucho más entre ellas de lo que estaban dispuestas a admitir.

Con Amor, Hannah.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora