Capítulo 73: Quiero Quedarme (Cerca de Ti)

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Las amenazas comenzaron a aparecer con una frecuencia insoportable. En casa, en el auto, en la oficina, en mi teléfono. Cada vez que miraba una nueva notificación, sentía un escalofrío recorrer mi espalda, como si alguien estuviera vigilándome, respirando sobre mi cuello. Pero lo peor no era el contenido de esas amenazas; era el hecho de que parecían saber todo sobre mí. Cada uno de mis movimientos, mis rutinas, hasta mis conversaciones más privadas, estaban siendo monitoreadas. Y la pregunta que me atormentaba cada vez más era la misma: ¿quién estaba detrás de todo esto?

No era paranoia. Podía sentirlo en el aire. Algo no estaba bien. Me estaban siguiendo más de cerca de lo que pensaba, y todo parecía apuntar a que había alguien entre las sombras, observando, esperando el momento adecuado para actuar. Pero, ¿quién era esa persona? ¿Cómo podía saber tanto sobre mí sin que yo me diera cuenta?

El pensamiento me atormentaba. Durante semanas, había sentido una presión creciente, como si cada aspecto de mi vida estuviera siendo controlado por hilos invisibles, estirados hasta romperse. Había momentos en los que sentía que todo lo que había hecho, todas las decisiones que había tomado, se estaban utilizando en mi contra. Cada lugar que visitaba, cada persona con la que hablaba, parecía estar bajo vigilancia. Y lo peor de todo era que no sabía quién estaba detrás de todo eso.

Intenté ignorarlo. Pensé que si no reaccionaba, si no le daba importancia, las amenazas desaparecerían por sí solas. Pero al final, me di cuenta de que ignorarlas no haría que se evaporaran. Al contrario, cada nueva amenaza, cada mensaje críptico, me empujaba más hacia la verdad, y esa verdad era más aterradora de lo que imaginaba. ¿Quién estaba filtrando toda esa información? ¿Cómo podían saber tanto sobre mí? Y, lo más importante, ¿qué querían de mí?

Las preguntas no dejaban de retumbar en mi cabeza. Pero cuanto más intentaba buscar respuestas, más me hundía en un mar de incertidumbre. Las sombras se alargaban, y yo, atrapada en ellas, no sabía en qué momento había comenzado a ser parte del juego de alguien más. Y peor aún, no sabía si tenía las fuerzas para salir de esa espiral antes de que me absorbiera por completo.

Había algo en todo esto, algo que no entendía, pero que comenzaba a notar con cada amenaza, con cada pista que se desvanecía. El tiempo comenzaba a agotarse, y yo no sabía si estaba persiguiendo algo que nunca encontraría, o si ya había cruzado una línea de no retorno.

Esa noche, mi teléfono vibró insistentemente, y al ver el nombre de Daniella en la pantalla, algo me hizo sentir un nudo en el estómago. La voz que salió del otro lado no era la de siempre. Estaba diferente. Más baja, tambaleante, como si el alcohol estuviera impregnando cada palabra que salía de su boca. Era clara, pero arrastrada, y se notaba que no sabía bien si quería reír o llorar. Una mezcla extraña de emociones, como si estuviera intentando liberar algo que había estado guardado, algo que la estaba ahogando.

—Hannah... Hannah, quiero verte... ¿quieres venir a... a... donde estoy? —Su risa interrumpió la frase, pero no era una risa alegre. Era más bien como un sollozo disfrazado de diversión.

—Daniella, ¿dónde estás? ¿Qué pasa? —insistí, tratando de mantener la calma, pero mi voz temblaba levemente. No podía ignorar el tono de su voz, algo en ella me decía que las cosas no estaban bien.

—Estoy... en un lugar... donde... no sé ni dónde... —su voz se entrecortó, y pude oír cómo la confusión invadía sus palabras—. Me siento tan... tan perdida, Hannah.

El nudo en mi estómago se apretó aún más, y una sensación de preocupación se apoderó de mí. No podía dejarla así, sola, perdida en algún lugar. Me levanté de inmediato, sin pensarlo, agarrando mis llaves y saliendo al pasillo. —Voy a ir por ti, Daniella. Dime dónde estás, por favor.

Con Amor, Hannah.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora