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Daniella no me dejó sola ni por un segundo. Toda la tarde permaneció a mi lado, ofreciéndome su presencia en silencio, porque sabía que no había palabras suficientes que pudieran aliviar el dolor que sentía. Yo estaba exhausta, pero no solo físicamente; mi alma se había desgarrado en mil pedazos, y mi cuerpo solo seguía el ritmo del colapso que vivía por dentro. Finalmente, el agotamiento me venció. Me quedé dormida entre sus brazos, los restos de mis lágrimas aún frescos en mis mejillas, mientras el dolor latente en mi cabeza y el ardor en mi pecho me recordaban que la tragedia seguía presente. El sueño no me ofreció descanso, sino una especie de tregua temporal, una pausa en medio del caos.
Cuando desperté, el atardecer teñía el hospital de un tono anaranjado melancólico. El tiempo había pasado, pero para mí, no importaba. Estaba atrapada en una burbuja de dolor, donde cada minuto se sentía eterno, y cada respiro, una lucha. Daniella seguía allí, su mano aún apretando la mía, como si quisiera asegurarme de que no me hundiría más en la oscuridad. Pero sabía lo que venía. Sabía que había llegado el momento de irnos. El hospital no podía retenerme más, y la realidad de volver a casa sin Ryan comenzaba a asentarse en mi mente como una sombra espesa.
—Hannah, es hora de irnos. —Daniella habló suavemente, su voz cargada de compasión.
Mis ojos, todavía pesados por el sueño y el llanto, se enfocaron en ella. Sabía que tenía razón. Pero había una parte de mí que se resistía con todas sus fuerzas a dejarlo allí, solo. Ryan estaba en la morgue ahora. Ese pensamiento me golpeó con una fuerza brutal, como un puñetazo en el estómago. Sabía lo que significaba, sabía que su cuerpo estaba allí, frío y sin vida, pero mi corazón se negaba a aceptarlo. No podía soportar la idea de que él estuviera solo en ese lugar, sin mí, sin nadie que lo sostuviera en sus últimos momentos.
—No puedo dejarlo, Daniella... —murmuré, mi voz temblando mientras las lágrimas volvían a arremeter en mis ojos. El nudo en mi garganta se apretaba tanto que apenas podía hablar—. Siento que lo estoy abandonando...
Daniella suspiró, su rostro reflejando el dolor que compartíamos. Sabía que no había una forma fácil de consolarme, porque la verdad era que nada cambiaría el hecho de que Ryan se había ido, y que me había dejado en un vacío aterrador. Pero aún así, intentó tranquilizarme. —No lo estás abandonando, Hannah. Él lo sabe. —Su voz fue firme, pero sus ojos reflejaban una ternura infinita—. No estás abandonándolo. Has estado con él todo este tiempo.
Pero esas palabras no pudieron borrar el peso que sentía. El vacío que se formaba en mi pecho cada vez que pensaba en él, solo y sin mí, me asfixiaba. El amor de mi vida, mi Ryan, estaba solo en ese cuarto frío, rodeado de acero y paredes sin alma. Estuve con él cuando exhaló su último aliento, y ahora ni siquiera podía estar allí para despedirme. —No pude hacer nada, Daniella. —Mi voz se quebró en un sollozo desesperado—. No lo salvé. No pude salvarlo. Y ahora ni siquiera puedo estar con él.
Ella me miró, su mirada profunda y comprensiva, pero sabía que, aunque me abrazara o intentara consolarme, el dolor seguiría clavado en mi corazón. Era una realidad que no podía cambiar. Ryan se había ido. Había sido arrancado de mi vida de la forma más cruel, y lo peor de todo es que no estaba preparada para decir adiós.
Finalmente, con un esfuerzo sobrehumano, me levanté. Cada paso que daba lejos de ese lugar se sentía como una traición, como si al alejarme, estuviera dejando una parte de mí atrás con él. El camino hacia la salida del hospital fue una marcha silenciosa de despedida. Cada vez que mis pies tocaban el suelo, sentía un peso mayor sobre mis hombros, y la distancia entre Ryan y yo parecía insuperable. Era como si al dejarlo allí, algo dentro de mí también muriera.
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Con Amor, Hannah.
Novela JuvenilEn un mundo donde el amor y el desamor son dos caras de la misma moneda, Hannah se enfrenta a un corazón destrozado, marcado por recuerdos de pérdidas y promesas olvidadas. A través de cartas, ella desvela sus pensamientos más profundos y vulnerable...
