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Los días avanzaban lentamente, como si el tiempo se hubiera detenido en un susurro de agonía. Cada amanecer era un recordatorio de las sombras que aún acechaban mi vida. Ryan seguía a mi lado, pero yo sentía una distancia creciente, un abismo entre nosotros que no sabía cómo cruzar. La culpa me pesaba en el pecho, y cada vez que su mirada se posaba en mí, sentía que me desmoronaba.
Las preguntas eran constantes. Cada vez que un médico o un policía se acercaba, su voz resonaba en mi mente como un eco interminable. ¿Qué sucedió? ¿Quién te hizo esto? Mi respuesta siempre era la misma: "No recuerdo nada". Pero cada negación era un ladrillo más en la pared que estaba levantando entre Ryan y yo. Su preocupación me ahogaba, y al mismo tiempo, me hacía sentir como una traidora por ocultar la verdad.
Los hombres que me mantenían bajo su control seguían apareciendo. A veces me forzaban a acompañarlos, a tratar compañeros heridos, a hacer seguimiento de lesiones. Recibía un pago por ello, pero el dinero se sentía sucio, manchado por las circunstancias que me llevaban a actuar de esa manera. Cada vez que entraba en la sala de urgencias, era como si la atmósfera se llenara de un aire pesado, saturado de secretos y mentiras.
Miraba a los pacientes y recordaba a los que había perdido. El rostro de cada uno se grababa en mi mente como un recordatorio de mi impotencia. En esos momentos, deseaba poder volver a ser la doctora que salvaba vidas, no la que se veía obligada a vivir con el miedo en el corazón. Sabía que todo lo que estaba haciendo era una farsa, un intento desesperado de proteger a Ryan de un mundo que no debía conocer.
"¿Por qué no me dices la verdad, Hannah?" La voz de Ryan se repetía en mi cabeza, y era un susurro persistente que me desarmaba. Sabía que lo que había entre nosotros era real, pero la carga de mis secretos estaba empezando a desgastarme. Mientras trataba de mantenerme fuerte, la sombra de mis decisiones me seguía como un fiel espectro.
Un día, mientras trataba a un compañero herido, vi cómo el dolor y la desesperación se reflejaban en su rostro. Supe que él también llevaba un peso en su corazón, un secreto que lo ataba a un mundo que no podía escapar. En ese instante, comprendí que todos llevábamos cicatrices, pero las mías se ocultaban bajo una capa de mentiras.
Mientras pasaban las horas, la verdad empezaba a carcomerme desde adentro. Sabía que no podía continuar con esta dualidad, y la idea de arrastrar a Ryan a este oscuro laberinto me hacía sentir aún más culpable. Él merecía un amor sin restricciones, una vida sin sombras.
Al regresar a casa, encontré a Ryan sentado en la cocina, la luz suave del atardecer iluminando su rostro. Mi corazón se aceleró al verlo, pero también se detuvo en un susurro de pánico. Era el momento de decidir: seguir escondiéndome detrás de una máscara o abrirle las puertas a mi verdadero yo.
—Hannah, te he estado observando. Algo no está bien —dijo, su mirada llena de preocupación.
—No... No es nada. Estoy bien —respondí, pero sabía que no podía seguir así. Había que romper el silencio.
Respiré hondo, sintiendo el nudo en mi garganta. Era el momento de dejar caer la fachada. Pero, ¿cómo explicarle que mi vida no era lo que parecía? ¿Cómo decirle que, aunque lo quería con todo mi ser, el miedo y la culpa se interponían entre nosotros?
Y así, con el corazón palpitante y la mente nublada, decidí que el momento de la verdad había llegado. Quería que supiera que, a pesar de todo, había esperanza en nuestro jardín de suspiros. Pero, al mismo tiempo, tenía que enfrentar la realidad de las sombras que aún me seguían. —Ryan... —mi voz temblaba al pronunciar su nombre, la tensión palpable entre nosotros mientras los recuerdos de esas noches oscuras regresaban a mí—. Hay algo más que necesito que sepas.
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Con Amor, Hannah.
Roman pour AdolescentsEn un mundo donde el amor y el desamor son dos caras de la misma moneda, Hannah se enfrenta a un corazón destrozado, marcado por recuerdos de pérdidas y promesas olvidadas. A través de cartas, ella desvela sus pensamientos más profundos y vulnerable...
