𝐏𝐎𝐖𝐄𝐑 | Esther siempre había odiado a una de sus hijas; ella supo, desde que nació, que sería la persona más poderosa que había conocido nunca. Y por ello, la maldijo, lentamente, hasta que se alejó de su familia, una vez les convirtió a todos...
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LA MADRUGADA CAYÓ SOBRE MYSTICFalls con un silencio antinatural, como si el propio mundo contuviera la respiración antes de la tormenta. La mansión Mikaelson, habitualmente envuelta en una calma solemne, fue sacudida por un golpe desesperado en la puerta de la habitación de Agnetha y Stefan.
— ¡Mamá! —la voz de James, temblorosa y urgente, rompió la quietud.
Agnetha se incorporó de inmediato, percibiendo antes incluso de abrir los ojos que algo estaba terriblemente mal. Stefan despertó a su lado, manteniéndose en alerta.
—Jane no está... —susurró cuando se acercó a la cama de sus padres—. He buscado por toda la casa, su habitación está vacía.
El corazón de la trihíbrida se contrajo con una violencia insoportable. Sin perder un segundo, extendió su magia, pronunciando un hechizo de localización. Las runas infernales brillaron en el aire... pero, se extinguieron de inmediato, como si una fuerza igual o superior las hubiera sofocado.
Entonces, palideció.
—No puedo encontrarla —murmuró, en un hilo de voz—. Alguien está bloqueando mi acceso.
Los pasos de Klaus resonaron en el pasillo nada más escuchar el grito de su sobrino, caminando por el pasillo antes de que su voz, cargada de furia contenida, llenara el espacio.
—Esther.
Y, ahí, supieron que la guerra había comenzado.
( . . . )
El primer movimiento correspondió a los híbridos de Niklaus, quienes, entrenados durante semanas para un momento como aquel, se desplegaron con precisión militar hacia los límites de Mystic Falls. Tyler Lockwood y Chris encabezaban la formación, sus ojos brillando con determinación mientras sus sentidos sobrenaturales rastreaban cualquier amenaza.
A su lado, los vampiros convertidos por Elijah y Kol se unieron al avance. La elegancia característica de Elijah contrastaba con la ferocidad de Kol, mas, ambos compartían la misma resolución: nadie dañaría a su familia impunemente.
Mientras tanto, en las afueras del pueblo, los miembros del Aquelarre Mikaelsdottir comenzaron a reunirse. Brujos y herejes, leales a Kol y a Agnetha desde hacía siglos, formaron un círculo ritual alrededor de la vieja iglesia de los Fell. Las barreras mágicas erigidas por Esther eran antiguas y poderosas, aunque no invencibles y menos ante un aquelarre completo.