Eduardo.
¿Acabo de decir lo que acabo de decir? No era premeditado, lo prometo. Ha salido así, sin más. Sin prepararlo, sin meditarlo, las dos palabras han saltado de mi boca y ya está.
— ¡Vaya! — Sara me mira sorprendida, sus ojos verdes me observan muy abiertos durante unos segundos que se me hacen horas — Yo... también.
— Lo siento — Trago saliva y de repente me siento terriblemente incómodo — No quería presionarte a decirlo, de hecho, ni siquiera creía estar preparado para decirlo yo.
— ¿Presionarme? — Sonríe — Es lo más bonito que podrías decirme hoy. Y estoy encantada de decirte que yo siento lo mismo, que también te quiero, Eduardo.
***
Estoy feliz, si, mucho, y me da igual que se me note, que me pregunten por qué no paro de sonreír como un maldito idiota... Porque ni puedo ni quiero ocultarlo.
Me dirijo a mi despacho dispuesto a contactar con la hija de Antonio. Opto por mandarle un correo electrónico para contarle la situación. Le explico todo lo que le ocurre a su padre con pelos y señales, desde que empezó, hace una casi una década, hasta el día de hoy.
Lo reviso bien por si me ha faltado cualquier cosa y, cuando estoy satisfecho con lo escrito, lo envío. Ahora me queda esperar una respuesta.
Apenas ha pasado, ¿cuánto? Una hora desde que no veo a Sara, y ya quiero volver a su lado.
Sea lo que sea que está haciendo conmigo esa chica, me gusta más de lo imaginado.
Dado el poco trabajo que últimamente tengo, decido pensar en su día, su cumpleaños.
De alguna manera tengo que sacarla del hospital, y no puede ser conmigo... todas las miradas estarían puestas en ambos y sería prácticamente imposible pero entonces, ¿cómo?
Tengo seis días para preparar el día perfecto de Sara, así he decidido que se llamará, lo único bueno que creo que tiene todo esto, es que dicho día cae en sábado, por lo que el hospital no estará demasiado transitado.
Bajo a tomarme un café, saludo a Mónica que, como siempre está en su puesto de trabajo, y veo como enseguida se toma un descanso para acompañarme.
— ¿Cómo estás? — Quiero saber, acordándome de que Héctor me ha dicho que no andaba demasiado bien.
— Supongo que... normal — Se encoge de hombros — ¿Has hablado con Héctor?
— Sí, claro — Le sonrío — ¿Por qué?
— No bueno, nada... — Se muerde el labio inferior, como si hubiera dicho algo que no debería. A veces agradezco reconocer algunos gestos faciales.
— Eh, Mónica — Hago que me mire a los ojos — Dime lo que tengas que decirme, no pasa nada.
— Tengo que volver al trabajo — Se levanta rápidamente y me deja con la palabra en la boca, ¿qué demonios le pasa hoy a todo el mundo?
Deduzco que tiene que ver con la actitud extraña de Héctor esta misma mañana, pero no tengo más pistas sobre lo que parece que me ocultan. Con tantas cosas en la cabeza, decido que sean ellos mismos los que confíen en mí cuando crean que deben hacerlo.
Las ganas de ver a Sara acaban pudiendo conmigo. He intentado matar el tiempo para que no se me vea desesperado por verla, pero en realidad es casi como estoy, Sara se ha convertido en una necesidad que me complementa.
No obtengo respuesta cuando llamo a la puerta de su habitación, así que opto por pasar y cerrar a mis espaldas. No está ahí, por lo que me supongo que se encuentra en el baño.
— ¡Sorpresa! — De repente salta detrás de mí, subiéndose a mi espalda.
Con el susto me cuesta un poco agarrarla para mantenerla ahí.
— ¿Te vas a acostumbrar a recibirme siempre de esta manera? — Le pregunto cuando rodea mi cuello con sus brazos — ¿Y si llego a venir acompañado?
— Digamos que... es un riesgo que estoy dispuesta a correr — Susurra, mordiendo el lóbulo de mi oreja.
— Vamos a acabar corriendo muchos riesgos si haces cosas como estas — Digo con la voz entrecortada, ríe a carcajadas mientras baja de mi espalda — Se te ve feliz.
— Es lo que tú produces en mí — Pone una mano en mi pecho — Ven, quiero enseñarte algo — Agarra mi camisa prácticamente arrastrándome a la cama y yo, por supuesto, me dejo llevar.
Me siento cuando rebusca y saca su ya conocido mp3, desenreda los auriculares y me ofrece uno.
— Hablar por fin tiene sus cosas buenas — Me dice concentrada en el aparato, buscando lo que supongo que es una canción — Una de ellas es que le puedo pedir a Héctor que pase al mp3 algunas de las canciones que más me gustan, aunque ya estén pasadas de moda.
— ¿Y quieres enseñarme algunas de esas canciones? — Pregunto, intrigado. No estaría nada mal saber también algunos de los gustos musicales de Sara.
— Solo una — Hace el gesto, levantando el dedo índice — Al menos hoy.
Asiento y me quedo en silencio mientras observo como ultima todo y ella me mira a mí, y siento que sus ojos verdes me absorben y me llevan a otro mundo distinto y precioso.
La canción enseguida comienza a sonar, me es conocida por haberla escuchado varias veces, pero soy muy malo con los nombres. Escucho mientras Sara me coge la mano y cierra los ojos.
And I need you now tonight.
And I need you more than ever.
And if you only hold me tight.
We'll be holding on forever.
And we'll only be making it right.
Because we'll never be wrong.
Aprieto los dientes mientras sigo escuchando y, sobre todo, comprendo la canción. Y entiendo que Sara me pide a gritos que no me vaya de su lado, que no la suelte...
Las últimas notas suenas mientras también escucho su respiración a mi lado, dejo terminar la canción para retirarme el auricular y hacer lo mismo con el suyo.
— Es muy bonita — Le susurro, acariciando lentamente su mejilla. — ¿Cómo se llama?
— Total eclipse of the heart — Dice — No puede ser que no la conocieras... — Sonríe.
— Conocía la canción, pero nunca me había parado a pensar en lo que quiere decir — Sigo acariciando cada parte de su rostro, sus labios, su cuello... — ¿Estás preocupada por algo? — Niega con la cabeza y cierra los ojos con fuerza, siento que miente — No debes estarlo, ¿sabes? Entiendo perfectamente lo sola que te has podido sentir aquí, que creas que todo es de color negro... pero ahora estoy yo, Sara. No te olvides de eso.
— Pero... ¿y cuándo salga? — Me mira con dureza — Ahora estás, Eduardo, pero luego yo tengo una vida muy distinta a la tuya. La canción es un reflejo de todo lo que me está pasando, de todo lo que va a pasar...
— De eso nada — Muevo la cabeza a ambos lados — Y si con la canción me pides que me quede contigo esta noche, te diré que no solo me quedaré hoy, si no todas las noches que tú me necesites. No tengo ni quiero nada mejor que hacer que permanecer a tu lado. Deja de preocuparte pensando que estarás sola porque, mientras me dejes, no voy a permitir que lo estés.
— No puedes quedarte aquí por las noches — Muy levemente sonríe y siento como si el corazón se me abriese de alegría.
— ¿Quién dice eso? — Intento parecer serio. — Soy el jefe, si quiero quedarme aquí, me quedo... y si quiero vivir aquí, pues vivo aquí.
Las tonterías hacen que Sara acabe riendo a carcajadas y que no pare de abrazarme. Apenas pienso en que en cualquier momento puede aparecer alguien por la puerta y pillarnos en este plan...
— Así que... — Muerdo mi labio inferior — Según tu canción, ¿no nos equivocamos haciendo lo que estamos haciendo?
— Eduardo — Frunce el ceño — Yo creo que ser feliz, enamorarse, y vivir una historia como la nuestra nunca puede ser una equivocación.
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El diario secreto de Sara.
RomanceEduardo, un médico que a pesar de haber sacado su carrera hace varios años con la mejor nota de su promoción, solo ha pasado de despacho en despacho sin destacar entre los mejores médicos. Hasta que un día y sin esperarlo, le llega una oportunidad q...
