CAPÍTULO 38. Caos en la ciudad

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Emma abrió los ojos tras el largo y hermoso beso compartido con Jake cuando observó que sus amigos estaban justo detrás de ellos mirándoles fijamente y anonadados. Estaba claro que eso no se lo esperaban. Sonrojados, ambos se retiraron y sin decir palabra hicieron como que nada había sucedido.

-Vaya, ya habéis vuelto con las bebidas- comentó la joven en un intento de sacar conversación.

-Sí bueno, veo que vosotros también estabais ocupados- añadió Curtis entre risas.

-Esperad, ¿oís eso?- preguntó Sullivan desconcertado.

-Sí, ¡es la música de los fantásticos Skeleton Wolfs!.

-No, no. Escuchad. Se oyen como si fuesen...

En segundos, las luces de todo el estadio se apagaron instantáneamente y el público empezó a alarmarse. Algo no iba bien. Pero entre el barullo de la multitud podía apreciarse a lo lejos el sonido de unos pasos acelerados corriendo en dirección hacia los jóvenes.

-¡Corred, corred!, ¡son los rebeldes de Fitzgerald!.

Los chicos corrieron hasta alcanzar el coche y tuvieron tiempo para poder meterse en él y que éste arrancase, pues los soldados veteranos sacaron las armas y comenzaron a disparar a todos sin piedad. Una de las balas atravesó el cristal de la parte trasera, sin heridos.

-¡Sullivan vamos, vamos!.

-¡Corre Sullivan!.

Salieron disparados hacia la carretera intentando no chocar con los obstáculos que encontraba por el camino. Sin embargo, las ruedas toparon con algo atropellándolo y alertando a los que iban en él dentro.

-¡Joder, dime que no hemos atropellado a nadie!.

-Era una ardilla, podéis estar tranquilos.

Pero los tiroteos no cesaban, la muchedumbre corría en dirección contraria impidiendo el paso del vehículo, y con tanto grito y caos; prácticamente no se apreciaba la pista de los enemigos.

-Sullivan, para el coche- dijo Curtis abriendo la puerta y bajándose de éste.

-¡Imbécil, a dónde vas!, ¡¿quieres que nos maten?!.

Jake y Cristine siguieron los pasos de éste y bajaron también. Así que no les quedó más remedio que repetir sus actos a los demás.

-Curtis, ¿qué quieres hacer?- Emma le paró en seco para poder averiguar qué era lo que pretendía.

-Acabar con todo esto.

Entonces, corrió hacia uno de los soldados y le esquivando las balas se abalanzó sobre él propinándole todo tipo de golpes hasta dejarle inconsciente. Tomó su pistola y alzándola en el aire gritó.

-¡Muerte a Fitzgerald!.

Nadie esperaba aquello. De echo, temían por la reacción de los demás jóvenes que asustados rondaban por allí. Pero de entre todos ellos, muchos comprendieron el mensaje de Curtis. Elevaron sus puños en el aire y siguieron su respuesta.

-¡Muerte!, ¡muerte!.

Todos ellos, eran Aclaryels. Y aunque muchos otros no, también colaboraron. Estaba claro que ya no tenía sentido seguir ocultado los poderes. Era momento de actuar.

Atacaron con todo lo que tenían: armas, piedras a pie de calle, e incluso no se cortaron un pelo en usar sus elementos. Sin embargo, ellos eran más potentes y más en número, así que estaba claro para quién sería la victoria. Pero no se rendirían.

Emma encontró tirada en el suelo una pequeña pistola que no dudó en coger y llevársela consigo, aunque no pensaba utilizarla salvo extrema situación. Corría en búsqueda de sus amigos que había perdido de vista por un momento, y en aquel momento se topó de frente con el mismísimo Mike el veterano. El coronel de las tropas de veteranos rebeldes. Uno de los idiotas aliados del mayor imbécil, Fitzgerald.

-Vaya, vaya. Mira a quién tenemos por aquí. Te echaba de menos jovencita.

-Te lo advierto Mike, voy armada.

-Y yo también querida- el soldado sacó de sus espaldas una metralleta que llevaba cargada tras de sí.- Saluda a mi amiga.

-No me das ningún miedo, y si tengo que utilizarla, lo haré- apuntó con su pistola directamente hacia la cabeza de Mike.

-Mátame, adelante. Así añadirás una carga más para tu culpabilidad. Primero Margaret que murió defendiéndoos, después la directora Rochesstter, ¿quién será el siguiente?.

-¿Cómo sabes todo eso?.

-Porque yo fui quienes les mató. Se me ordenó cumplir con la misión y eso hice. No como el idiota de tu amiguito rubio, que parece que ahora está de vuestro lado.

-Ya me tienes harta- Emma disparó hacia delante, pero no tuvo la suficiente puntería como para dar a su cabeza. La bala erró y le alcanzó el hombro hiriéndole.

El chico no paraba de gritar de dolor. Tanto fue así, que alguien más se percató de lo que estaba sucediendo. Era Alice Cooper.

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