CAPÍTULO 29. Sublevación entre elementos

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-Apuntad y... ¡tirad!.

Una oleada de disparos simultáneos atravesaron miles de latas metálicas colocadas estratégicamente sobre una tabla metálica.

-Buen trabajo chicos. Aunque, hay que mejorar un poco más esos disparos. ¿De acuerdo, Curtis?.

-Sí, jefe.

-Jefe no. Coronel Mike, para tí- dijo en un tono desafiante.

-Sí, claro.

-¿Estás desafiándome?.

-¿Debería hacerlo?.

-¡Soldados!. Traedme una lanza.

Los compañeros obedecieron las órdenes de su coronel y depositaron en sus manos el arma pedida.

-¿Ves esto que tengo aquí, Curtis?. Con ella, vas a aprender a respetar a tus superiores a partir de ahora. Colócate allí en frente pegado contra la pared, y date la vuelta.

-¿Estás de coña?.

-¡Obedece soldado!- gritó mientras le propinaba un golpe en la entrepierna haciendo que este se retorciese de dolor.- ¡Muévete, ya!.

Curtis se dirigió al frontón cojeando a paso ligero. Se colocó de frente a la pared quedando de espaldas a su enemigo.

-¿Vas a clavarme esa lanza en el costado o qué, imbécil?- contestó el joven en un tono desafiante.

-Tiraré esta lanza con los ojos vendados hacia tí. No sé si seguirá una dirección correcta ni donde caerá, pero no suelo fallar. Tengo buena puntería. Así, aprenderás a tener respeto a tu coronel.

Mike tapó sus ojos con un trozo de tela que desgarró en aquel mismo momento de su camiseta y cogiendo impulso, la lanzó con gran fuerza hacia él.

Curtis escuchó como la lanza había sido golpeada contra algo, el problema es que no sabía a qué. Abrió sus ojos tras el acontecimiento y comprobó que había errado. La lanza estaba clavada en la pared a escasos metros de su cabeza.

-Has tenido suerte esta vez chico. Pero no vuelvas a intentarlo o la siguiente, no te salvarás.

Puede que fuese por la adrenalina del momento, pero éste se dio media vuelta y se precipitó sobre el cuerpo de Mike tirándolo al suelo y propinándole todo tipo de golpes. Al parecer no había demasiados aliados o veteranos en aquel momento porque, nadie intentó separarles.

-¡No somos soldados!. ¡Si queréis una guerra, la tendréis!- decía con cada puñetazo que daba al coronel.

Una vez que este estaba totalmente K.O en el suelo, se despegó de su cuerpo, se incorporó y cogiendo la lanza de la pared se subió a un pequeño montículo de tierra para que pudiera hacerse oír.

-¡Escuchadme todos!. Mi nombre es Curtis Glowel. Soy un Aclaryel como todos vosotros. No tenemos por qué aguantar esta situación que nos han impuesto. No somos sus soldados ni sus esclavos, a pesar de que nos tratan como tal. ¡Uníos a mí, uníos a la sublevación contra Fitzgerald y sus huestes!. ¡Acabemos con esto de una vez por todas!.

Todos aplaudieron y vitorearon al unísono, pues todos estaban a favor de la causa de Curtis.

                                 • • •

Con paso acelerado, se aproximaron al chico que custodiaba la habitación donde tenía a Emma encerrada.

-¡Eh, tú!, ¡abre esa puerta ahora!- exclamó Curtis con exigencia.

-No podéis estar aquí- respondió el veterano mientras sacaba de sus bolsillos un walkie-talkie.- Tíos, necesito refuerzos en el sector J.

-Y una mierda- intervino Lucy lanzando una bola de hielo contra el aparato para destruirlo.- O nos dices donde está nuestra amiga, o te las verás con nosotros. Y somos cuatro.

-Tú verás lo que haces chico, pero te aconsejo que nos hagas caso- añadió Cristine desde detrás.

Acto seguido, el veterano soltó un manojo de llaves en el suelo y huyó corriendo. Los chicos tomaron las llaves y abrieron la sala. Emma seguía allí atada a la silla y en plena oscuridad, con un calcetín en la boca para que no pudiese hablar.

El primero en entrar fue Sullivan, quien extrajo el objeto para que pudiese hablar y la desató.

-¿Quién eres tú?-preguntó Emma extrañada.

-Soy Sullivan, ¿no te acuerdas?, ¿el chico de las rastras?.

-Vamos no hay tiempo que perder. Tenemos que salir de aquí y cuanto antes- susurró Lucy.

-A propósito chicos, ¿dónde están Alice y los hermanos Strauss?.

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