Capítulo 1

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Aquí no te despertaba la luz del amanecer por dos razones: La primera es que seguíamos sin tener ventanas y la segunda es que para ello tenían unas ruidosas alarmas que te obligaban a salir del pequeño cuarto.  Las puertas de nuestras celdas fueron abiertas automáticamente, justo a la par de una salida gigantescas de barrotes, de ahí procedía la incomparable luz del día, todos los encarcelados corríamos para lograr alcanzar el amanecer, era algo glorioso para nuestros ojos en ese momento. Todos estaban muy impacientes por salir. Entre empujones, codazos y algún que otro cabezazo había logrado percibir muy a lo lejos a mi compañero, se le distingue por su enorme cuerpo y su peculiar melena rosada y ondulada. Fue imposible acercarme, tantas personas queriendo escapar por esa abertura, era un completo caos.

Después de unas cuantas cientos de personas era mi turno, había salido del agujero para quedar impactado. Lo primero que vería alguien sería el cielo, esas horas y sin rastro de una ventana, necesitaba absolutamente admirar la belleza de algo natural, pero... No era nuestro cielo azul, en su lugar mantenía un color entre rojo o naranja, sin mencionar unos pequeños rastros blancos, las nubes, supongo.


Estaba confundido, pero no decidí tomarle mucha importancia, además distintas personas seguían intentando desesperadamente salir, por ello me dirigí a una gigantesca mesa cuadrada café, me senté en el banco del mismo color y apoyé mis brazos sobre la el comedor y al hacerlo me percaté de que era una clase de holograma físico. Eso hizo que abriera mis ojos y prestara más atención a mi alrededor, encima de tener varios comedores al aire libre también disponemos de canchas deportivas, albercas, e incluso unos pequeñas cámaras con entretenimientos de todo tipo como videojuegos,  lectura o videojuegos. Cabe mencionar que todos los aparatos o mobiliario, así como equipos de deporte estaban creados de la misma forma que los comedores.


— Por tu estupefacta expresión debo suponer que eres nuevo, ¿No? —Resonaron éstas agudas palabras en mis oídos. Me encontraba aún asombrado de este terrible lugar, por lo cual no presté mucha atención — ¡TE ESTOY HABLANDO! —La misma voz de chcia, pero esta vez se expresaba agresivamente.

— ¿Qué? —Mis pies volvían a la tierra. Había dejado atrás mis pensamientos — ¡Sí! Recién llegué ¿Anoche? —Volteé la cabeza hacía mi costado izquierdo y pude visualizar a una chica rubia. Era bastante pequeña (Considerando que yo tengo el tamaño promedio), pero... Bueno, diré que era muy hermosa.

— ¡Genial! ¡A partir de hoy seremos mejores amigos!¿Puedo confiar en ti? —Se sentó para poder verme frente a frente apoyando sus piernas en los laterales de la banca. Yo únicamente giré mi cuerpo para admirar su seriedad y sus hermosos ojos color miel. 

— ¡Apenas te conozco! —Grité exaltado, llevaba unas horas metido aquí y una extraña ya me hablaba, desde luego que esto daba mala espina. 

— Entonces... ¡Es un pacto de amistad! —Estiró su mano hacia mi persona y extendió únicamente su meñique. 

— ¿Un pacto? Nunca jamás te había visto en toda mi vida, ¿Qué te hace pensar que seríamos amigos? —Ese momento tuve un recuerdo, un bello recuerdo en mi mente. Uno con todos mis amigos donde disfrutábamos ir al parque a jugar... Nunca lo olvidaría. Esa melancolía hizo que respondiera a su promesa; Estiré mi mano y enroscamos nuestros dedos meñique, nuestras miradas se cruzaron por bastante tiempo, así que rápidamente le solté.

— ¡Puedes llamarme Nataly! —Volvió a poner sus pies al frente y se recostó sobre la mesa para tener la misma perspectiva.

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