XIX

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Ariana

Creo que he contado todas las constelaciones que existen. Me hice mas trenzas de las que puedo contar y luego las deshice y por sobre todo... esperé más de lo que tendría que haber esperado.

¿Se habrá arrepentido?... seguro que si, le dije "te amo" ¿Qué esperaba que hiciera? ¿Qué me corresponda?... si, eso era justamente lo que esperaba. Cometí un error, se puso nervioso, se asustó, y ahora no quiere volver. He notado que mi vida empeora cada día un poco más, es una mutación gradual, progresiva, que va carcomiendo de a poco mis sentimientos y mi mente. Este proceso me está moldeando, está cambiándome, intenta convertirme de a poco en algo que no soy. Estoy mal, me siento mal, pero sé que debo salir airosa de esta tormenta, sé que debo salir de este árido desierto con la frente en alto y con el corazón destrozado, pero moldeado al fin.

Supongo que debo tranquilizarme porque descubrí que lo que me mantuvo en esa hibernación oscura fue un golpe en la cabeza y eso tiene sentido porque los golpes en la cabeza suelen causar eso ¿no?... no, no estoy para nada tranquila, algo más sucedió. Alguien me está mintiendo.

[...]

Me acuesto a las 07:30, estimo que una hora y media de espera amerita una resignación. Ni siquiera recuerdo bien el momento en el que se fueron todos de mi fiesta. Aunque sí recuerdo a Cami y Cristian viniendo a despedirse a mí cuarto. Que fiasco de fiesta.

Comienzo a dar vueltas en la cama. Se supone que debería tener sueño pero no es así, estoy más despierta que nunca. Las fotos del taller de fotografía cuelgan en mi techo y comienzo a analizarlas, como intentando separar a la persona que tomó esas fotos de la que está acostada en esta cama ahora... no, definitivamente no tengo sueño. Y no, por nada en el mundo voy a ir a la casa de Jonathan, para nada. Eso definitivamente no va a pasar.

[...]

Me hubiera traído una campera más abrigada, hace frío. Pensé que no hacía tanto frío porque miré por mi ventana y las hojas de los arboles no se revolvían tanto. Supongo que las apariencias engañan más de lo que creía.

Me siento estúpida, muy muy estúpida. Caminar con frío hasta la casa de un chico que no me quiere ver, me hace sentir una torpeza increíble. Sin embargo no puedo dejar de caminar hacía él, todo mi cuerpo, mi mente, mi corazón, todo "yo" quiere hacer esto. Es vergonzoso, pero es así. No me humillaría a mi misma por nadie más... verdaderamente lo a... lo quiero mucho.

Ya estoy muy cerca, solo media cuadra hasta su casa, pero hay algo raro. El Duna de Jonathan está estacionado donde tiene que estar pero hay una camioneta mal estacionada en su vereda lo cual me parece extraño, quizás algún pariente cayó de sorpresa.

Toco la puerta y me quedo quieta al sentir ruidos provenientes del interior de la casa. Son como... gemidos, gemidos vacíos y lejanos, son quejidos y gritos, amortiguados por el interior de la casa. La preocupación y curiosidad se apoderan de mí ¿Qué podría estar pasando adentro? ¿Podría Jhoni estar en peligro?

En un acto de impulsividad, abro la puerta y me encuentro con un horrendo panorama. Hay un tipo que no conozco y también está Alberto, el tío de Jonathan, y finalmente... él en el suelo, temblando, cubierto de manchas carmesí extendiéndose por su piel, a su lado hay vendas rotas y alcohol etílico.

Y yo que venía a pedir explicaciones de por qué no apareció a tiempo, ahora quiero pedirle explicaciones a la vida de por qué la persona de la que estoy enamorada está tirado en el suelo luchando por su vida.

—¿Quién es ella? —pregunta el desconocido con preocupación y enojo— ¿Qué hace acá?

Alberto se da vuelta y me mira desconcertado.

Dentro del FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora