LII

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Jonathan

Mientras destapo la cerveza, comienzo a mirar hacia afuera y veo mi patio, cuya parte trasera da al patio del vecino, una valla de alambre nos separa y bajo esta, se extiende un sendero de arboles, mejor dicho de saucos, que recorren la parte baja del alambrado dándonos un poco de privacidad que la valla no puede proveer.

De pronto, cientos de recuerdos me invaden. Destellos de mi niñez, momentos fugaces que antes parecían eternos. Recuerdo mi tío enseñándonos a plantar. Amaba esos árboles, nunca le interesó tener césped, eso fue cosa de Emi, pero sí estaba sumamente interesado en plantar árboles, sobre todo, este tipo de arboles que brindan un fruto del que se puede hacer una excelente mermelada para acompañar un buen desayuno o merienda.

Díos mío, que despiadada es la nostalgia, que crueles son sus designios, y cuan propensos somos a caer ante ella.

Decido hacer que mi cabeza vuelva al presente, tengo un asunto que atender.

Pongo la botella de cerveza en la mesa cerca de su mano y me siento frente a ella.

—¿Enserio no preferís un té? —pregunto acomodándome en mi silla— Parece como si lo necesitaras mucho más que una birra.

—No, creéme, necesito esta cerveza más que nada —responde y rápidamente comienza a beber.

Comienzo a analizarla un momento. Se la nota un tanto sacudida, respira irregularmente como si acabara de correr por una distancia muy larga. Sus ojos delatan un maquillaje negro corrido por su buzo tal vez, no sé si es porque estuvo llorando, o su escapada fue tan agotadora que su transpiración hizo el trabajo. Está calmada pero conteniéndose, como reprimiendo algo que está a punto de explotar.

—Decime Cami ¿está todo bien? —pregunto impacientándome, más no porque me moleste su presencia, sino porque me urge saber qué es lo que le pasa.

—¿Qué te pasó en la cara? Parece que te dieron una paliza.

—Me la dieron ¿Qué onda con vos?

—Me enteré de vos y Ariana —acerca la botella a su boca pero antes de dar el sorbo la comisura de sus labios forma una media sonrisa atrevida, como sonriendo por malicia.

—Es muy reciente, y no es oficial aún ¿Cómo te enteraste?

—Comodoro parece una ciudad grande, pero es más pequeña de lo que aparenta. Lo sabés ¿no?

—Supongo que sí —respondo incrédulo antes de darle un sorbo a mi cerveza— Cami ¿pasó algo?

Luego de beber un poco más, ella se pierde mirando un punto ciego en la mesa. Piensa un poco y luego se inclina un poco hacia mí pero sin mirarme aún.

—Tengo un problema, creo que cometí un error.

—¿Qué tipo de error?

—¿Te acordás cuando encontramos el lugar ese donde estaba esta especie de secta enfermiza? El día que pasó lo de...

—Sí, me acuerdo —respondo antes de que termine la frase para no generar un momento incomodo.

—Volví...

Arqueo una ceja mostrando mi confusión.

—¿Cómo que volviste? ¿Cuándo?

—Hace poco... bueno hace unas dos semanas.

La impresión me invade.

—¿Cómo que hace dos semanas? ¡Pero si no me dijiste nada de esto!

—Ya sé, quería decírtelo pero... no sé —toma un respiro antes de seguir, le cuesta hablar de esto, se le nota— No quería que me miraras con otros ojos.

Dentro del FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora