XI

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Ariana

—¿Me vas a decir donde estabas? —pregunta mi padre apenas cierro la puerta y pego un salto por el susto. Me tapo la boca en un intento por suprimir el pequeño grito que acaba de salir de mí.

—Papá ¿Qué hacés despierto? —pregunto tratando de estabilizar mi voz y controlar mi respiración agitada.

—Podría preguntarte lo mismo —pregunta con seriedad. Está sentado en la mesa golpeando sus dedos contra la madera.

Lo típico de él sigue ahí, sus ojos llorosos, parece que nunca se van a ir. Como una maldición que lo perseguirá por siempre.

Me siento frente a él en el sillón largo. Sé que está algo enojado, por ende conviene intentar aplacar ese enojo, no empeorarlo. Es un hombre tranquilo y dulce, pero hasta el más húmedo bosque puede arder en llamas.

—Estaba con Camila y Cristian. Me pidieron que los acompañe a tomar helado.

Mueve un poco la cabeza y frunce el ceño. Creo que sabe que miento.

—¿Helado a las dos de la mañana? Eso es muy raro.

Confirmado. Está totalmente convencido de que miento. Debo encontrar la manera de zafar de esto. Algo que pueda exonerarme para no perder su confianza, la cual necesito más que nunca para cuando le lance la bomba de que su esposa le está siendo infiel.

Sé que es lo peor. Y sé que Camila va a matarme pero no encuentro otra forma y si tomo demasiado tiempo para inventar otra mentira, me descubrirá y lo peor puede suceder. Perdón amiga.

—Camila está con antojos.

Él cambia su rostro de completa seriedad a total sorpresa.

—¿Qué?

—Camila está embarazada papá —¿por qué? ¿por qué estoy haciendo esto? ¿no había una excusa mejor?

—¿Enserio? —pregunta arqueando las dos cejas.

—Si. Se enteró hoy y no quiere que nadie lo sepa hasta que se los cuente a sus padres.

—No puedo creerlo. Tan chica —dice sosteniendo su frente con una mano—. Perdón hija, por molestarte, perdón.

Lo abrazo y le digo que estoy bien y que por favor no se lo diga a nadie.

Corro a mi habitación. Me entierro en mis sabanas ahogando un grito de bronca y frustración. No hay nada pero que saber que hiciste algo malo y que ya el tiempo no puede devolverse para solucionarlo.

La pregunta ahora es ¿por qué? ¿por qué lo hice?... luego de pensarlo, la respuesta se vuelve clara... por Jonathan. Porque quiero protegerlo, porque quiero que sepa que puede confiar en mi. De pronto me doy cuenta de lo complicada que es esta situación. Me gusta un chico (que resulta que también puede llegar a gustar de mi) que es un criminal, y mi padre es policía... ¡Dios! ¡¿En que momento se volvió tan enredada mi vida?!

Fantaseo con Jonathan entrando a mi casa y besándome y abrazándome pero de pronto le cuento que mi papá es policía y él seguramente saldrá corriendo despavorido. O si fuera al revés... mi viejo enterándose de alguna manera que Jonathan transporta droga... ¿Qué podría hacer? ¿Echarlo? ¿Arrestarlo?... ¿matarlo?

Son demasiadas las vertientes y...

Ahí está otra vez, la criatura encapuchada con rostro de pájaro de ojos sangrantes, mirándome directamente, acechando con una quietud perturbadora. Esperando que haga un movimiento súbito para abalanzarse sobre mi. Quiere destruirte, quiere matarme, despellejarme... desmembrarme y comerse los pocos pedazos de mí, como si fuera una presa débil que no puede hacer nada en contra de semejante monstruo...

Dentro del FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora