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Jonathan

Ella baja rápidamente del auto. No me da tiempo de nada, solo corre hacia su puerta despavorida cómo huyendo de un terrible error. Antes de darme cuenta, ya entró a su casa.

Yo me quedo inmóvil, contemplando la misma nada, decidiendo cómo sentirme respecto a esto. Mi respiración produce un suspiro constante que se repite cómo una letanía. Refriego mis ojos y mi cabello en busca de algo que no va a venir: paz.

Ando Ganas en el estéreo me promete un viaje placentero pero no calma la tormenta en mi interior, dicha tormenta se alimenta de una pregunta que engloba muchas más: ¿Por qué?

¿Por qué tuvo que decirme eso? ¿Por qué me lanza esta bomba ahora? ¿Por qué es tan hermosa?... esta última pregunta es la peor de todas. No existe lógica en negarse a tener algo con Camila, es bella por donde la mires. Lo único que puede hacer a un hombre negarse a sus encantos es lo emocional, ya no tanto lo racional. Tengo códigos y espero mantenerlos.

Camila podrá ser hermosa pero hay algo que juega en su contra... ella no es Ariana.

[...]

—¿Qué tal están esas torrejas? —pregunta Chechu mientras con la boca llena le levanto el pulgar en señal de satisfacción.

—¿Torrejas? —pregunta Rocky frunciendo el ceño— ¿Que no se llaman croquetas?

—Yo les digo así Rodrigo, no jodas.

—En el norte se les dice "torrejas" —agrego mientras me limpio las manos.

Estamos en la mesa de la casa de Rocky. No había plata para una comida más abundante, así que salieron esas croquetas... o torrejas. En realidad, sí hay dinero para algo más abundante pero es el dinero "sin tratar" del último viaje y Rocky tiene sus reglas respecto a no tocar el dinero hasta que todo esté en orden.

—Jhoni, hoy me junté con Mateo, pasó a verme por el taller.

—¿Qué te dijo?

—Quería saber si nos hacía falta algo antes de los viajes de esta semana.

—¿Qué le dijiste? ¿Le pediste algo?

—Le pedí que nos diera pistolas nuevas, solo eso, ah y también le pedí herramientas para hacerle el service al Corsa.

—Genial, nos vendría bien.

—¡Nos vienen espectacular! —exclama palmeando mi espalda con alegría— Ahora me tengo que ir, vienen unos amigos al taller.

—¿Amigos? ¿Me necesitás?

—No, son solo unos posibles aliados para pelear con los bandos del norte. Sé que no te querés meter ahí.

—Rocky... ¿estás seguro de esto?

—Claro que estoy seguro. Los hijos de puta vienen de esos lados, estoy seguro. No me van a intimidar.

—Ok... nada más tené mucho cuidado ¿si?

—Obvio, nos vemos.

Rocky se levanta y se va hacia el taller. Tiene razón, no quiero meterme en temas de guerra de pandillas. Yo solamente conduzco, nada más. No voy a poner mi vida en juego por una disputa de barrios.

—¿Comiste bien?

—Si, gracias Chechu, vos siempre hacés cosas ricas.

—¿Cómo está Magdalena?

—Quedó haciendo tareas con su tío. Quería venir pero tenía que terminar una tarea de matemáticas y cómo yo no sé nada de eso, mi tío le ayuda.

Dentro del FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora