Jonathan
Tengo la piel de gallina. Mi corazón se estremece al oír las dos palabras que nunca nadie me dijo. O que nunca nadie sintió por mí. Porque... ¿Cómo? ¿Cómo puede ser? ¿Cómo supo que era el momento correcto? ¿Cuáles fueron los indicios? ¿Acaso lo siente de verdad? ¿O solo fue un impulso provocado por el dolor? Quizás mi primer paso sea ese, verificar la veracidad de sus palabras. Y debo ser rápido, debo decidir ahora qué decirle. Porque aunque las lágrimas se detuvieron, la hinchazón de sus ojos sigue ahí, el maquillaje corrido sigue ahí, su corazón roto sigue ahí, su mente destrozada también.
—Ariana —pronuncio su nombre temblando— ¿De que estás hablando?
El desconcierto se hace evidente en su cara. No esperaba esta respuesta de mi parte, eso es seguro.
—Perdón... ¿te asusté? —pregunta retrayéndose un poco hacia atrás.
—No, no me asustaste pero —tomo un respiro y vuelvo a sostener su rostro con mis manos. Su cara está hecha para ser acariciada por mi— Acordáte que tu papá es policía y yo soy un criminal y tu mamá sabe y todo se puede arruinar.
—¡Basta! —grita exasperada sacando mis manos de su cara— ¿Te digo que te amo y me empezás a nombrar las cosas que tenemos en contra para estar juntos?
—¿Y que esperás que haga? —exclamo casi a su mismo nivel de volumen— ¡Uno de nosotros tiene que pensar con claridad! Y si tengo que ser yo y quedar mal entonces que así sea.
—¡Dios! —grita, grita fuerte, frustrada— ¡¿Qué mierda soy para vos entonces?! ¡Aparecés y desaparecés! ¡Venís a mi casa, trepás mi pared, me besás, me tocás y cuando las cosas se ponen difíciles me das la espalda! ¡Se supone que la histérica tenía que ser yo!
Agradezco al cielo que la música abajo está tan alta que podemos amortiguar estos gritos.
—Claro, porque vos fuiste un ángel todo el tiempo. Porque no me histeriqueaste nada ¿no? Y para tu información, trepé tu casa una sola vez ¡Y fue antes de saber que tu viejo era la gorra!
—¿Es que siempre se va a interponer algo entre nosotros? —sacude los brazos en una fallida fatiga.
—¡Todavía no hay "nosotros" y ya hay un millón de cosas que se interponen! ¿Pensás que esto es fácil para mí? Quiero protegerte ¿no te das cuenta?
Repentinamente, su expresión refleja dolor y confusión, y entiendo que toqué un nervio que quizás no debía tocar.
—Yo... —se traba, intentando no llorar— Yo sí pensé que había un "nosotros".
Está a punto de romper en llanto otra vez y no creo estar listo para soportarlo. Todo sería más fácil si me odiara.
—Eso es porque vivís en un puto cuento de hadas.
—Jhoni, —suspira mi nombre mientras trata de controlar su llanto— No sos así, no hagas esto.
—Quizás sÍ soy así Ariana. Nada más no te diste el tiempo de conocerme bien.
Su llanto descontrolado se vuelve repentinamente controlado y una expresión de decepción total la envuelve.
—¿Enserio? ¿Enserio esto termina acá?
—No puede terminar, si nunca empezó.
Me doy vuelta para manotear el picaporte pero ella es más rápida. Hace que me de vuelta y agarra mi cuello y nuca con sus dos manos y pone su frente en la mía mientras estampa mi espalda contra la puerta de su cuarto la cual retumba con los graves de la música proveniente de abajo.
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Dentro del Fuego
RomansaAño 2002. Argentina sigue sufriendo las consecuencias de la crisis económica. Ariana es una joven de familia y amigos, es amable y cariñosa y se encuentra cursando su último año escolar, pero nadie sabe (ni siquiera ella misma) que esconde un secret...
