Ariana
Miedo, incertidumbre y dolor. No pensé que fuera posible sentir las tres cosas, sin embargo acá estoy; asustada, confundida y triste ¿Será que las tres sensaciones se juntaron fusionándose en un solo e insoportable nuevo sentimiento? ¿Miedumbrelor?... estoy divagando, lo sé, y divago porque no encuentro otra salida.
Siento miedo porque ese hombre con esa máscara me asustó en sobremanera, porque es innegable que guarda una conexión con las pesadillas que tengo del hombre pájaro. Siento incertidumbre porque no logro atar los cabos sueltos, no entiendo qué hacía mi mamá en un lugar tan oscuro y sobre todo qué carajo hacen ahí dentro ¿Qué sucederá más allá de esa puerta a ese lugar donde indudablemente no nos iban a dejar pasar?
Y siento dolor por...
Me están sacudiendo el hombro, me saco la frazada de la cara y giro para ver a Víctor con una bandeja con un desayuno.
—Hace quince minutos que estoy sacudiéndote con una mano y teniendo la bandeja con la otra —se queja en el tono frío que lo caracteriza.
—¿Qué? —pregunto con la confusión del adormecimiento.
—Feliz cumpleaños, te traje el desayuno —genera una media sonrisa, es toda la simpatía que puede sacar.
—¡Víctor! —exclamo mientras me siento y le sonrío— No era necesario ¡Gracias!
—Agradecele a papá yo no quería traértelo pero él dijo que sería un lindo gesto.
—Y tenía razón. Aunque no era necesaria la aclaración.
—También dijo que por ser tu cumpleaños podías faltar a clases.
Un estallido de alegría y alivio brota de mi interior hacia afuera. Nunca me gustó ir a la escuela en día de cumpleaños. Mis compañeros (impulsados por Camila) me cantan y me saludan pero no podría parecerme más incómodo. Sobre todo cuando hay personas que te sonríen por un solo día y para quienes durante todo el año volvés a ser invisible. Si hay algo que no soporto es la hipocresía que genera un cumpleaños en los demás.
—Me encanta cumplir años —digo mientras comienzo a comer una medialuna de mi bandeja.
—Bueno, nos vemos más tarde —se despide.
—¿Qué? ¿Dónde vas? —pregunto asustada por lo que me acaba de decir.
—A la escuela ¿Dónde más?
—Pensé que te ibas a quedar acá.
—¿Por qué pensaste eso?
—Porque hoy es mi cumpleaños y porque mamá y papá se van en un rato y no quiero estar sola.
—Papá dijo que iba a hacer media jornada. Así que va a estar en casa temprano.
—¡Pero son seis horas de soledad! —exclamo con urgencia.
—Y bueno ¡Aprovechá tarada! —dice y comienza a encaminarse a la puerta.
—¡No Víctor! ¡No quiero estar sola en mi cumpleaños!
—Ariana, acabas de cumplir diecisiete ¿podrías madurar?
—Porfa... —uno las palmas de mi mano y las atraigo a mi rostro formando un intento de plegaria. El larga un resoplido de letargo.
—Tengo examen. No podría quedarme aunque quisiera.
Lo miro y trato de parecer triste.
—Bueno Vic. Que te vaya bien en tu examen —digo y él pone los ojos en blanco en señal de fastidio.
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Dentro del Fuego
DragosteAño 2002. Argentina sigue sufriendo las consecuencias de la crisis económica. Ariana es una joven de familia y amigos, es amable y cariñosa y se encuentra cursando su último año escolar, pero nadie sabe (ni siquiera ella misma) que esconde un secret...
