Ariana
La impresión me sobresalta. Camila no había dicho nada de esto. Yo esperaba a Cristian y sin embargo, tengo a Jonathan a menos de un metro de distancia. Y no es como si fuera famoso, no es un gran artista ni un músico popular o un destacado atleta pero lo sigo viendo como si fuera alguno de ellos. Una celebridad que no sabe que estoy completamente fanatizada.
El silencio que reinaba entre nosotros se intensifica ahora. En este momento de encuentro, después de toda la pasión que nos inundó durante esos escasos minutos en mi habitación se siente muy raro tenerlo frente a mi.
—¿Todo bien? —pregunta en un desesperado intento por averiguar que me sucede.
No, no está todo bien. Mi mundo se vino abajo desde que no me hablás.
—Si, si, todo bien —respondo tratando de que no note lo nerviosa que estoy.
—No me esperabas ¿no? —emula una simpática sonrisa que se acompaña armónicamente con sus ojos.
—La verdad... no.
—¿Te molesta que esté acá?
—No. No me molesta, pero... ¿no corrés peligro juntándote conmigo?
—Corro más peligro cuando estoy lejos de vos.
Mi imbécil corazón salta de emoción. Late tan fuerte que me sorprende que no él no lo escuche. Pero no pienso detenerme en estas palabras, ni tampoco quiero que note lo vulnerable que me hace sentir.
—¿Qué fue lo que te hizo reconsiderar?
—Aparte del hecho de que Camila fue a mi casa a amenazarme con cagarme a piñas... básicamente... quería verte.
Quería verme... eso quiere decir que me extrañó y si me extrañó es porque quiere estar conmigo Y si quiere estar conmigo ¿Por qué no lo grita? ¿Por qué no se lo hace saber a todo el mundo? ¿Por qué no me lo hace saber a mí?
—Yo... —comienzo a trabarme nerviosa— Yo también tenía ganas de verte.
—Lo sé. Vení —dice y me hace un ademán para que camine a su lado—. Camila y Cristian están en el auto esperando.
—Siento que tengo que pedirte perdón —comento mientras comenzamos a caminar—. Por Camila. A veces puede ser insoportable. Voy a hablar con ella.
—No es necesario. Tus amigos te aman. Ojalá tuviera eso.
—¿Amigos que te amen? —pregunto sonriendo pero él mira hacia abajo serio antes de responder— Seguro tenés alguno, aunque sea uno.
—Si, tenés razón, siempre hay alguien.
Simula una sonrisa forzada y quiero abalanzarme a él y decírselo. Decirle que quizás no tenga amigos pero sí tiene alguien que piensa en él, que llora por él y que lo espera. Pero por sobre todo tiene a alguien que se está enamorando de él.
—¿Enserio estás bien? ¿No te molesta que esté acá?
No me molesta en absoluto porque aunque quizás no terminemos en nada, estás acá, estás hablándome y estás conmigo. Y aunque estés muy lejos de ser mío, amo la idea de tenerte cerca.
—No me molesta para nada, enserio.
Él clava su mirada en mí mientras caminamos.
—Falta media cuadra para el auto. Creo que eso es tiempo suficiente para pedirte perdón. De verdad lamento mucho lo de estos días. No quise lastimarte.
—No lo hiciste. Lo juro. No pasa nada. No sé bien que te dijo Camila pero no le hagas mucho caso. Exagera mucho las cosas.
Ahora su seriedad se transforma en sonrisa y justo cuando llegamos al auto. Me siento en la butaca de copiloto y giro sobre mi eje para ver a Cami y Cristian sentados atrás sonriéndome.
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Dentro del Fuego
RomanceAño 2002. Argentina sigue sufriendo las consecuencias de la crisis económica. Ariana es una joven de familia y amigos, es amable y cariñosa y se encuentra cursando su último año escolar, pero nadie sabe (ni siquiera ella misma) que esconde un secret...
