CALLE
Aparqué el coche delante de la casa. El aire de la noche era denso, y durante unos segundos me quedé sentada, aferrada al volante, intentando calmar el temblor sutil en mis manos . Al bajar, mis ojos se toparon de inmediato con el coche de Paula y Verónica, estacionado justo al lado del mío. Un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Por qué estaban aquí? Un nudo de preocupación se me formó en el estómago, apretando con fuerza.
Con el corazón latiendo a toda velocidad, avancé hacia la puerta, cada paso más pesado que el anterior. Sentía la incertidumbre consumir todo mi ser. Al abrir la puerta, el silencio que me recibió fue casi ensordecedor, tan denso que parecía que el aire mismo contenía la respiración. Por un instante, me quedé en el umbral, observando la escena frente a mí.
Mis ojos recorrieron la sala y se encontraron con los rostros de mi familia. Había preocupación en todos ellos, una inquietud palpable que se reflejaba en sus miradas y en la rigidez de sus posturas. Todos, menos Verónica. Ella se mantenía apartada, con una expresión neutral, casi distante, como si estuviera observando todo desde una barrera invisible. La mirada de mi madre, cargada de alivio y miedo, se clavó en la mía, y antes de que pudiera decir una sola palabra, mi padre se levantó de su asiento y se acercó a mí con pasos apresurados.
—¿Dónde has estado? —su voz temblaba, una mezcla de alivio y preocupación que me golpeó de lleno.
Sentí que las palabras se me atascaban en la garganta. No entendía del todo por qué todos parecían tan alterados, aunque una parte de mí intuía que mi ausencia había causado más revuelo del que imaginaba.
—¿Qué pasó? —pregunté, buscando la mirada de Verónica, esperando encontrar en ella alguna explicación o consuelo. Ella me sostuvo la mirada, imperturbable.
—Pensaron que te había pasado algo y me llamaron —murmuró Verónica, su tono tranquilo contrastando con la atmósfera cargada de ansiedad. Asentí en silencio, comprendiendo de golpe la gravedad de la situación.
—Lo siento, se me acabó la batería —dije, intentando sonar despreocupada, aunque sabía que mis palabras no serían suficientes para calmar la inquietud que flotaba en el ambiente —No quería preocuparlos.
Mi padre frunció el ceño, claramente insatisfecho con mi respuesta. Paula, incapaz de contenerse, alzó la voz con una mezcla de enfado y alivio.
—¡Te has vuelto loca! ¿Cómo puedes desaparecer así? ¿Sabes lo preocupados que estábamos? Pensábamos que te había pasado algo terrible. —Me encogí de hombros, sintiéndome de repente muy pequeña bajo sus miradas acusadoras.
—Eh… lo siento… pasó algo que me hizo perder la cabeza… sobre muchas cosas —intenté explicar, aunque sabía que mis palabras apenas rozaban la superficie de lo que realmente sentía.
—Dime, ¿qué te hizo actuar tan desconsideradamente? —insistió mi padre, su voz cargada de reproche —¿Has olvidado todo lo que pasó? ¿Las amenazas?
—Lo recuerdo perfectamente —murmuré, bajando la mirada —No soy una niña.
—Pero actúas como una —replicó él, sin suavizar su tono.
El ambiente se tensó aún más, hasta que mi madre intervino, su voz suave y preocupada cortando la discusión.
—¿Podemos calmarnos? —pidió, mirando a todos con ojos suplicantes—. ¿Pasó algo, Daniela? —me preguntó, su preocupación evidente en cada palabra.
Respiré hondo, buscando en mi interior la fuerza para contarles lo que había sucedido. Sabía que las palabras que estaba a punto de pronunciar cambiarían todo.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
FanfictionDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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