Capítulo 71

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POCHÉ

No había dormido mucho. Di vueltas en la cama durante horas, intentando que el sueño me venciera, pero era imposible. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Daniela marchándose de la casa después de aquel malentendido regresaba a mi mente, una y otra vez.

Al final, me rendí. Me metí al baño, me puse la primera ropa que encontré y bajé las escaleras. El silencio de la casa me envolvió hasta que vi a Valentina, semiacostada en el sofá, con un tazón de cereal entre las manos.

—Buen día —me saludó, apenas levantando la mirada de su teléfono.

—Hola —respondí, dejándome caer a su lado. —Me miró de arriba abajo y torció la boca.

—No tienes buen aspecto —soltó, sin rodeos.

—Lo sé, no he dormido mucho —admití, frotándome los ojos —No puedo dejar de pensar en cómo se fue Daniela anoche. Me siento fatal. —Valentina dejó el tazón sobre la mesa y me miró con más atención.

—Oh, Daniela lo entenderá. Si le explicas, te va a comprender —me aseguró, con esa seguridad que a veces me irritaba y otras me calmaba.

—Pero no me ha llamado, ni siquiera un mensaje. ¿Cómo se supone que le explique si no tengo una oportunidad? —me desesperé, sintiendo un nudo en el estómago —Dijo que vendría hoy, ¿no? ¿Por qué no viene? —fruncí el ceño, sintiéndome más ansiosa de lo que quería admitir. Valentina soltó una risa leve.

—¡Dios, cálmate! —me dijo —¿Sabes qué hora es? Apenas son las diez de la mañana. El día apenas comienza. —Rodé los ojos, pero tenía razón. —Por cierto, papá salió. Tuvo una emergencia en el trabajo, pero va a venir a almorzar —me avisó mientras agarraba el tazón de vuelta.

Asentí, agradecida por la información, aunque en ese momento no me importaba mucho.

—¿Y ahora qué quieres hacer? —me preguntó.

—No sé… desayunar, supongo —respondí, encogiéndome de hombros.

—Eso ya lo hice —dijo, llevándose otra cucharada de cereal a la boca. La miré con disgusto.

—Eso no parece saludable —le hice notar, arrugando la nariz. Valentina rodó los ojos.

—Sin memoria o no, sigues siendo igual de especial con la comida —bromeó.

La ignoré y me levanté del sofá, yendo a la cocina. Abrí el refrigerador y saqué huevos y frutas. Empecé a preparar un batido, tratando de distraer mi mente con la rutina.

—¿Puedes hacerme también? —preguntó Valentina, asomándose por la puerta.

—Sí, claro —respondí, aunque no pude evitar sonreír un poco.

Mientras preparaba el desayuno, Valentina se acercó y dejó su tazón vacío en el fregadero.

—Podríamos salir un rato, recorrer la ciudad. Te ayudaría a despejar la mente —sugirió. Me detuve un momento, pensativa.

—¿Por qué mejor no me cuentas cosas sobre mí? —pregunté, mirándola de reojo. Valentina se encogió de hombros.

—¿Qué quieres saber? —Me quedé en silencio, buscando las palabras.

—¿Por qué Daniela necesitaba un guardaespaldas? —pregunté al fin. Noté cómo el rostro de Valentina cambiaba, poniéndose serio de repente.

—No lo sé muy bien —dijo, bajando la mirada—. No solías contarnos mucho sobre tu trabajo. Creo que deberías hablarlo con Daniela.

Sentí que no quería seguir hablando del tema, pero la curiosidad me pudo.

—Solo sé que había una persona que quería hacerle daño, pero tú lo impediste —añadió, mirándome con una mezcla de orgullo y preocupación.

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now