CAPÍTULO VII

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-No logramos ponernos de acuerdo para nada, Adrien. Si yo digo blanco ella dice negro. No, al revés. Porque negra tiene su alma- Adrien se rió, tan fuerte que algunos en la cafetería miraron hacia nosotros.

-Me encantaría ver eso. Kamille está acostumbrada a hacer todo lo que le plazca sin que nadie le diga nada. Sabía que esto pasaría- lo miré con sorpresa.

-¡Hijo de puta!- golpee su brazo- Tú me metiste en la boca del lobo, sabiendo que me iba a devorar.

-No, te metí a la boca del lobo porque sabía que no sería fácil que te devorara- giré los ojos- Pero, tendrán que intentar ponerse de acuerdo, mi cumpleaños es en dos semanas y les presentaré a Jackson en la fiesta- me reí.

-Esta bien- bufé.

-Me tengo que ir. Los diseños de la revista de este mes me necesitan- me reí y me lanzó un beso, marchándose. Me preguntaba si los Dupont recibían clases de caminar con elegancia. El porte y la forma de caminar era la misma. Elegante, tranquila y fuerte. Eric, Adrien y Kamille siempre llamaban la atención por su forma de caminar y presentarse frente a todos de manera tan segura. Eso, y porque eran los jefes franceses, que por cierto, eran muy atractivos.

Suspiré, extrañaba los consejos de Paula. No había hablado con ella desde el día de la discusión. Hace tres días. Era exhausto discutir con ella, era exhausto contradecir a Kamille y mucho peor tratar de entenderla.

Terminé mi malteada y me dirigí a la cueva del lobo que me había mandado a llamar.

-Señorita Dupont- asomé mi cabeza desde la puerta y me hizo una seña para que entrara. Caminé hasta ella y me senté esperando que hablara. Me tendió un papel con cuatro nombres escritos en perfecta caligrafía- ¿Son los escogidos?

-Dije que serían cinco- volví a leer, habían cuatro. Fruncí el ceño pero levanté la mirada descontenta al darme cuenta de lo quería decir.

-Gracias, pero no- dejé de nuevo el papel en el escritorio.

-Yo no le ofrecí ni pedí nada, ¿ o si?- movió su lapiz en la mano y me miró condescendiente. Me acomodé en la silla y la miré con seriedad. Estaba jugando conmigo.

-¿Entonces?

-Usted se encarga del último, Susana ya escogió uno, falta usted- ¿Porqué ella era Susana y yo Gonzales? Con lo que me gustaría escucharla decir mi nombre- Aquí tiene los postulantes que quedan, el lunes en cuanto llegue comuníqueme su decisión- me tendió otra lista con tres nombres en ella, lo raro era que el mío estaba entre ellos.

-No, basta. Borre mi nombre de esa lista, dejé claro que yo no iba a participar de esto- dejé los papeles en la mesa y me levanté de la silla. Estaba harta de sus indirectas. Mi decisión estaba tomada.

-Y eso es un error. Es un completo error desperdiciar lo que usted hace en la literatura, ¿usted se ha leído?- me tomé la sien. Hace días había discutido por eso con Paula, pero ella era mi jefa. No tenía derecho a cuestionarme.

-¿Qué sabe usted de lo que es un error o no para mi? Usted no me conoce, me juzga, pero no me conoce- me miró con incredulidad.

-¿Juzgarla yo?

-¡Si! Juzgarme porque no quiero ejercer la escritura, porque no quiero escribir para usted.

-¿Sabes que es un error?- rodeó el escritorio y se detuvo frente a mi, encarándome. Tan cerca que ni siquiera fue reelevante que me tuteó por pimera vez- Escudarte en cualquier excusa que te estes dando a ti misma para no escribir, porque lo quieres. Cada maldita letras que leí lo único que me grita es represión. No sé si de ti misma, o de los demás. Pero es un error, es un error cualquiera que sea tu excusa. Deja de refugiarte en cosas irrelevantes- se quedó callada, mirándome y quise llorar.

DE CAFÉ A TIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora