La brisa suave de la madrugada me revolvió el cabello de nuevo y opté por recogerlo en una coleta. Hacía frío, aunque no del todo intenso. No podía dormir. El incidente en la editorial no me lo permitía. Eso, y la culpa que sentía por lo que había pasado, por lo que había hecho y por lo egoísta que había sido. Me cubrí el rostro sabiendo que me había perdido del todo, no sabía donde hallarme. No recordaba quien era antes de todo esto, y eso me estaba destruyendo del todo. Estar en la editorial con Isabella era un error, seguir sus fechorías era un error muchísimo peor que me destruía, sin embargo, no sabía como irme. No tenía claro nada en mi vida. Me sentía decepcionada de mi, y era un sentimiento demasiado extraño y horrible. Ya quería dejarlo lejos.
En la mañana, cuando llegué a la editorial después de sólo dos horas de sueño conciliado, el sentimiento se hizo más intenso y muchísimo peor. La noticia estaba en todos lados: en los periódicos, las noticias. Eran portada e incluso tenían dos páginas extendiendo lo sucedido y culpando al pobre chico de fraude, cuando quien en realidad la culpable aquí de fraude soy yo.
-Buenos días- Kamille pasó por mi lado y presionó el botón para llamar al ascensor.
-Buenos días- suspiré y me crucé de brazos sintiendo su presencia una presión para mis culpas. Yo soy una mala mentirosa y esto iba a salir mal. Ella me miró sabiéndolo todo, Kamille sabía que era una vil mentira lo que había hecho pero si yo no me retractaba ella no podía hacer nada- Lo siento- suspiró y negué con la cabeza.
-Deberías, deberías sentirlo por él, por el esfuerzo que ha puesto y porque por un capricho tuyo y de Isabella se ha quedado sin nada- entramos al ascensor y me pegué a la pared. Suspirando. Me quedé callada, sin saber si quiera porque lo había hecho. Yo no era así, pero de a poco Isabella me convertía en un clon de ella y yo lo estaba permitiendo.
Cuando salí del ascensor quise ir a hablar con ella pero me dijeron que no estaba. Decidí calmarme un poco y hablar con ella con la cabeza fría. De igual forma, no sabía tampoco que decirle.
-¿Qué es lo que te está pasando?- Eric entró a mi oficina después de mi y suspiré sentándome- Creí que el hijo de puta mentiroso y tramposo era yo- se sentó frente a mi y suspiré un poco- ¿Por qué hiciste eso?
-No sé, Eric. No sé. Me siento tan mal, y tan perdida. Y ese pobre chico no tiene la maldita culpa de mis dilemas pero... No sé. Esto se está volviendo un infierno.
-¿Que vas a hacer? ¿Te vas a quedar callada?- lo miré y negué con la cabeza pero sin saber que hacer realmente. Sabía que debía decir la verdad, pero no sabía como, ni a quien. Mi relación con Kamille era extraña y ella defendería los intereses de su editorial, no los míos. Y aunque merecía un castigo por lo que hice, no estaba preparada para que Kamille lo impusiera. No ella, porque no quería estar de nuevo en su disposición y mando. El resentimiento que aún le guardaba, también afectaba en mis decisiones, y yo lo sabía.
-Sólo necesito aclarar lo que debo hablar con Isabella, y mis ideas. Necesito un poco de tiempo.
-Está bien, pero no tienes mucho, Verónica. Debes actuar ahora- se levantó y se fue dejándome sola con mis pensamientos y culpas. Golpee la mesa, enojada conmigo y con la persona en la que me convertía. No iba a seguir permitiendo esto. Yo no iba a dejar que Isabella me destruyera de esa forma. Me detuve unos minutos pero me rendí a aclarar mis ideas. Yo no iba a pensar de forma clara hasta que me encontrara a mi misma, y si no detenía esto, nada iba a cambiar.
Me levanté y subí hasta el piso donde estaba su oficina. Abría la puerta sin tocar pero Isabella no había llegado. Di un paso atrás para irme pero me detuve y miré su oficina sola. Oficina donde tal vez, me enteraría de cómo hizo para lograr que pareciese plagio y que nadie, a excepción de Kamille, lo notara. Cerré la puerta y me senté en su silla comenzando a revisar los cajones de su escritorio.
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DE CAFÉ A TI
RomansaUna de las cosas que más increíble me parecía de la vida, o tal vez del destino, era lo difícil y caprichosa que podía volverse. Me robaba sonrisas y me robó el motivo de ellas. Me entregaba tristeza y dolor, cuando estaba en máximo punto de felicid...
