CAPÍTULO LVIII

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El lunes de la semana que viene sería el primer concurso entre los escritores de Graham y Dupont. No sabíamos si la fuente que creo la noticia fue válida o no, ya que Kamille no lo confirmó, pero lo que confirmó es que Isabella y ella llegaron a un acuerdo, donde se constata que el lunes siguiente sería el primer premio económico entre ambas empresas.

-Por favor déjanos ganar- Susana me habló mientras comimos y sonreí.

-De igual forma me parece extraño, ¿no creen?- Eric y ella me miraron.

-¿Por qué pensaste que Isabella fue la culpable?

-No sé, últimamente he tenido muchos altercados con Isabella. Fue más por algo personal, no quería incluir esos rumores, es raro... Solo eso.

-Definitivamente lo es. Pero ahora es oficial, y Kamille lo dijo. Aunque al principio se vio bastante molesta por no saber la fuente del rumor- Susana me miró y suspiré. Alexandre entró a la cafetería y se llevó dos vasos en su mano.

-No representa peligro para ti- gire hasta Susana- Kamille no se toma su café, aunque finge hacerlo. Lo desecha. Tal vez el único café que terminó por gustarle del todo fue el tuyo- mire mal a susana.

-Y, Su- Eric la llamo haciendo una mueca- Verónica tiene novia.

-Y no me interesa lo que Kamille haga o no con su vida, bastante tengo lidiando la mía, créanme- ambos rieron.

-Lo siento, vero. Era una broma- le toque la mano, para hacerle saber que estaba bien. Aunque en el fondo, las bromas relacionadas con Kamille ya me tenían un poco harta. Terminamos de comer y caminé hasta la pequeña oficina que, debía confesar, era un lugar que me había estado haciendo sentir un tanto segura, lejos de Isabella, de Kamille y de todo. Sin embargo, aún no era suficiente para que tuviese una idea de lo que quería escribir después.

Los días en París eran lentos, pero productivos. Para los demás, al menos. Estar en un paraíso como esta era una maravilla. La primera vez escribí un libro en poco tiempo, y ahora podía pensar media palabra. Tal vez no era el estar aquí, sino como...

Tocaron la puerta y tomé el bolígrafo fingiendo al menos intentar escribir algo. Di la orden para que quien fuese entrara, y sabía que no era Kamille al menos, porque Kamille no tocaría la puerta.

Isabella se asomó y entro después sentándose en frente.

-¿Que te dijo Kamille?- fue lo primero que dijo y yo suspiré.

-Me reprendió por mi actitud en la entrevista, nada más- me encogí de hombros.

-¿Ha intentado convercerte de regresar con ellos?

-¿Kamille?- me reí y negué. Kamille no me iba a pedir que volviese a su editorial, ni en esta vida ni en la siguiente- No, no la hecho. Y creo que debes tener clara mi respuesta si eso llega a pasar.

-Espero que así sea.

-No voy a volver a escribir para Kamille, de eso puedes estar segura. Pero también ten presente que si esta situación con Olivia vuelve a pasar, tampoco lo haré para ti.

-Mira Verónica, pediste ser tratada como una empleada más y entonces eso haré. ¿Quieres irte de la empresa? Hazlo. Ya me cansé de tenerte paciencia, y tienes un talento increíble, eres magnifica con la escritura, pero no lo suficiente para hacer que te ruegue- me quedé callada. Tal vez un poco sorprendida por su tono, y sus palabras- Y espero para el lunes tengas algo que nos de el primer lugar, sino cumples con tu trabajo, seré yo quien te despida- se levantó y se fue cerrando la puerta dejándome estupefacta.

Era mi culpa.

Siempre le reclamé a Isabella el mezclar sus sentimietos en el trabajo, pero sabía que yo, de alguna forma me aprovechaba de ello, incluso para conseguir más tiempo para mi próximo libro. Yo había dejado de ser del todo profesional. Y era mi culpa.

DE CAFÉ A TIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora