CAPÍTULO XLVII

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Cuando llegue a casa de mis padres me encontré a Eric en la puerta. Otra cosa que ellos y todos los Dupont tenían en común era la absurda puntualidad, estaban siempre a tiempo con todo en cualquier situación sin importar nada. Traía en sus manos un ramo de rosas y me reí ante sus movmientos nerviosos. Recordé la imagen de Kamille en la misma situación. Eric y ella físicamente no se aprecian mucho.

-Hola- lo miré de pies a cabeza y solté una carcajada- esto no puede ser posible.

-Cállate y salgamos de esto de una vez por todas- negué y toqué la puerta. Ainhoa abrió y nos saludó a ambos con un abrazo. Le dio una de las rosas a mi hermana, que lo miró sorprendida y halagada.

-Gracias, adelante.

-Gracias- le sonrió y caminó conmigo hasta la cocina donde estaban mis padres. Los saludé y se los presenté como mi amigo. Suficiente tenía con decir que era mi novio delante de todos. Eric le entrego el resto de flores a mi madre y nos sentamos todos en la mesa. La noche era fresca y tranquila, me sentía con energías debido a que me pase el día escribiendo y durmiendo. Escribiendo aquel libro que comencé en París y que estaba inconcluso aún, pero ya casi terminado. 

No podía evitar mirar a Eric de vez en cuando y querer que ella estuviese también aqui, compartiendo conmigo, con mi familia y con la suya. Eric era el único que entendía por lo que ella pasaba y viceversa. De alguna forma eran lo único que tenían, pero su forma de ser y los caracteres similares que compartían los alejaban más que acercarlos.

-Eric, sólo queremos decirte que estamos orgullosos de ti- Mi padre habló mirandolo y el me miró a mí, sorprendio. Sonreí sabiendo las incontables veces que esperó las misma palabras de su padre, sabía que había esperado tantas veces esas palabras de Pierre y jamás llegaron, sentí un hueco en el pecho- somos una familia abierta, inclusiva y unida. Estamos orgullosos porque fuiste valiente al aceptar quien eras a pesar de que tu entorno te obligaba a rechazarte. Tienes un nuevo hogar que te recibirá siempre que el tuyo te cierre las puerta de su corazón y te obligue a dentrarte en un closet.

-Gracias, señor. Me siento muy feliz aqui- sonrió y ladeó la cabeza- son personas incríbles, gracias.

-Mereces ser libre, amar sin explicar, disfrutar sin ser seguido, vivir sin cuestionar, todos tenemos el derecho, Eric. Ejércelo- mi madre contniuó hablando y derrochando su increíble sabiduría, sabiduría que yo quería. Jamás me cansaría de garadecer que fuesen mi familia, eran un regalo enorme que no sabía si merecía. Eric asintió sonriendo. Sabía que seguía avergonzado porque no solía ser tan callado, Kamille y él eran una copia exacta y de eso ya no me quedaba ni una sola duda. Terminamos de comer en silencio. Eric y yo quisimos ayudar con la vajilla pero mis padres no lo permitieron, así que nos sentamos en la sala con mi hermana mientras los esperábamos.

-oficialmente los Dupont me caen muy bien. Verónica no apostó a tu favor en eso.

-Eso no me sorprende- me miró y me encogí de hombros.

-En mi defensa debo decir que eras un idiota.

-Kamille es tu prima ¿verdad?- Eric asintió- se parecen mucho, y no físicamente.- me reí al ver que Ainhoa sacó la misma conclusión que yo apenas unas horas después de conocer a eric- tienes la misma expresión que ella tenía cuando vino.

-¡Si!- choque nuestras manos- eso, hermana- hice una mueca y ella sonrió con suficiencia.

-¿Sabías que Kamille y yo nacimos el mismo día?- lo miré rapidamente, y se burló de mi expresión.

-¿En serio?- asintió- Sabía que ella cumplía el 17 de noviembre, pero no sabía que tú también.

-Celebraste mi cumpleaños el año pasado, Verónica.

DE CAFÉ A TIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora