59 ~ JUNTOS.

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—Oh, dime ¿qué es lo que necesitas, que es lo que quieres? —Zander habló con devoción— Dímelo y lo traeré para ti.

Los sirvientes trajeron las bebidas indicadas al jardín de la casa, ya que el trayecto de la clínica había sido con antojos.

—Estamos juntos —observé su rostro a detalle— Tenemos al mejor hombre, ese es un privilegio que solo nosotros podemos darnos.

Puse mi mano sobre mi vientre y luego lo volví a ver, pues Zander era esa referencia. Nuestros labios se unieron en un beso.

—¿Cómo sucederán las cosas ahora? —cuestione con cierta angustia— No puede ser igual.

—Me encargaré. El mundo está perdido, nuestro hijo no gobernará sobre algo así.

—No puedo hacerlo,

—Estoy a tu lado, yo si puedo y lo haré.

Asentí.

—¿Cuándo lo anunciáremos a los linajes? —inquirió el tema.

—Quizás podemos esperar, que sea únicamente nuestro durante un tiempo —me recosté sobre su pecho— En un mes, en nuestra celebración.

—De acuerdo, es magnífico.

Dejo un beso en mi frente y me dio la bebida. Ambos nos quedamos ahí, únicamente disfrutando de nuestra mera compañía, sin palabras, nada más respiros y latidos, al tiempo que nos mimábamos uno al otro. Sus dedos sobre mi cabello fue placentero, a tal grado que caí en un sueño.

Unas caricias en mi rostro me despertaron.

—Mañana a primera hora nos vamos a Oslo —anunció Zander— Ahora tienes que tomar las vitaminas y cenar algo.

—Si, claro.

Me levanté cuidadosa. La enfermera se acercó con los medicamentos en una bandeja y explicó la función de cada uno para luego ingerir.

—Estaré abajo para la cena.

—No tardaré.

Se retiraron. Enseguida aproveché dando higiene y arropando una pijama cómoda. Baje las escaleras en dirección de la sala del comedor. Las luces de la casa eran tenues, cálidas, era muy clásica y acogedora. Mi andar se detuvo en uno de los pasillos donde una puerta estaba sin cerrar.

Cuando me acerqué, ahí estaba él. Sostenía un libro entre sus manos, su atuendo era pulcro así fuera ropa de dormir, era varonil no solo por su aspecto, sino por la energía que se desprendía de cada poro; nutría su mente y eso lo adoraba, la conexión con la naturaleza se le daba bien, se deleitaba con instrumentos que expresaban lo que sentía.

Al cerrar los ojos cuando tocaba el violín te hechizaba con las notas de las melodías y cuando sus dedos se posaban sobre las teclas del piano enamoraba. Era solitario, pero amaba a la gente y la respetaba de una forma admirable, también le gustaba observar el cielo, las estrellas, la luna y los cometas que rara vez sucedían. Amaba quien era, lo amaba a él. Amaba el que él sería el padre de nuestros hijos.

—Deje de leer las letras desde hace un rato para poner atención a cómo me observas —su voz suave rompió el silencio.

Solté un suspiro acomodando mejor mis brazos recargados sobre la puerta.

—No puedo evitar admirarte, pues no pude haber elegido mejor hombre que tú. Eres excepcional —el deslumbramiento no dejo de ser evidente— Amo cada parte de ti, como hombre, como hijo, como hermano, como amigo, como el amor de mi vida, como persona.

Lleve mi mano hacia arriba tocando mis labios y con las  mejillas algo sonrojadas.

—Quiero ser lo mejor para ti, ya que es la única manera de enaltecer la persona extraordinaria que eres.

De inmediato sus pasos lo acercaron hasta mi silueta para que tomara posesión de mi cintura.

—Ya lo eres —beso mis labios con necesidad. Sostuvo mi barbilla y me guío para mirarlo— No hay una palabra siquiera que pueda definir lo que eres para mí, Siren.

Lo volví a besar. Un pequeño gruñido se escuchó dentro de mi estómago.

—Tengo hambre —susurré apenada.

—Vamos a cenar —dejo un último besó.

Caminamos por el pasillo hasta el comedor al tiempo que nos sosteníamos. La cena estaba deliciosa, cada sabor, cada bebida, cada sonrisa, cada suspiro.

Parecía surreal. En un momento todo cambio, por supuesto que vivir esta etapa era un cambio para cualquier persona, pero para mí, para nosotros era más que simplemente eso. Absolutamente por lo que había trabajado y por lo que había llegado tan lejos, se esfumó, como si jamás hubiera estado.

Tenía una vida perfecta si es que me olvida de lo que era afuera: tenía una gran posición dentro de los líderes mundiales que eran las progenies, controlaba la sociedad de cierta manera, tenía más que poder, más que dinero, tenía el cariño de esas personas de las grandes estirpes, tenía la lealtad de personas, tenía a un hombre que me amaba y que yo amaba. Pero verlo de tal forma era verlo desde dentro de una burbuja que era mía y a la vez no lo era.

Pues al poder ver a mi familia me daba cuenta y recordaba que no estaba completa, que no estábamos todos, no estaba Sienna, no estaba Vidarr, no estaba Ronan, no estaba Heledd, no estaba Asger, y Rianne ella estaba aquí, pero perdió la oportunidad de vivir una vida... y yo, yo. No podía permitir que nuestro bebé creciera rodeado de esta sociedad. Así que destruiría un mundo mientras construía otro.

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PSYCHO | (bilogía mentes)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora