66 ~ EL NACIMIENTO DE UN VARÓN, DE UN LINAJE.

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𝑵𝑨𝑵𝑨 𝑳𝑼𝑵.
𝑶𝑺𝑳𝑶 𝑵𝑶𝑹𝑼𝑬𝑮𝑨, 𝑱𝑼𝑵𝑰𝑶 1996.

—Puja, vamos Puja.

Una tormenta de hielo fue quien provocó el parto de la señora de la casa, pero ella se negaba a hacerlo puesto que aún faltaban algunas semanas para que se cumpliera la fecha.

—No puedo más —se quejó mientras el sudor corría por su terso rostro.

—¡Que pujes con un carajo! —su esposo le exigió.

—Ya viene, ya viene —sonreí al tener el pequeño cuerpo en mis brazos— Es una niña.

—¡¿Que?! ¡Una niña! —la señora reprochó en un intento de forzar su cuerpo débil para verla.

—asi es —mostré.

—Necesitamos un heredero, ¡un Varón! No una niña —renegó con desprecio.

—pero es nuestra hija —el señor vio a su esposa con desconcertó.

—señor, la señora no podrá tener más hijos —irrumpí antes de que sucediera algo más. Necesitaban saberlo.

—Desaste de ella, esa niña jamás existió —ordenó la señora, Merle.

No podía creer lo que estaba presenciando, después de buscar por tanto un embarazo, la señora renegaba del nacimiento. Dirigí mi mirada al señor en busca de algúna respuesta, pero jamás llegó, en cambio asintió complaciendo a su esposa.

Se acercó un momento y observó a la niña, sus ojos despertaron un brillo de amor, entonces tocó su mejilla y ella respondió con una sonrisa de lado inconsciente por ser a penas un bebé, fue ahí donde supe que ella sería más que especial, ya que había sonreído a pesar de ser rechazada.

La señora Merle tiro del brazo del señor y él se alejo de su hija, para ir junto a su esposa. Envolví a la niña con una manta mientras la estrechaba en mis brazos, antes de salir pude ver como los médicos entraban para atender a la madre.

Tenía que alejar y llevar lo más lejos que pudiera de la familia Rothchild, ellos confiaban únicamente en mí para borrar aquel nacimiento; era la única sirviente que guardaría lealtad a ellos por encima de los linajes que envolvían a las familias sin siquiera ponerlo en duda y los demás jamás aceptarían tal suceso.

Una vieja casa en medio de la nada fue el hogar de la niña durante días. No podía arrebatarle la vida a esa pequeña que sonreía al verme llegar, no podía hacerlo, así que esa misma tarde que la lleve y la dejé ahí, volví a la casa de los señores dando por sentado que aquella bebé no respiraba más. Ellos confiaron en mí como lo hacían siempre, pues sabían que no les fallaría.

A la mañana siguiente volví, la pequeña mantenía sus ojos cerrados, pero no podía perder tiempo: la desperté, cambie y di de comer, para volver a dejarla, así pasaron mañanas y noches, hasta que los señores resolvieron todo.

Esa misma noche nos iríamos de Oslo Noruega, con un destino desconocido para cualquier persona. Habían comunicado que la señora y el señor habían dado a luz el nacimiento de un varón y que necesitaban tiempo en familia, donde lo criarían juntos sin una sociedad. El resto de los linajes lo aceptaron y respetaron dado que lo entendían.

No podía dejar a la niña, pero tampoco llevarla conmigo, entonces comprendí que esa sonrisa pertenecía a los alegres Van doren.

—Su familia no la quiere, Verity —puse la niña en sus brazos sin que pudiera hacer algo.

—¿Por que no querer a su propia hija? —preguntó con inquietud.

—Precisamente por eso, es una niña —observé a los lados para confirmar que había cubierto el rastro— Su familia es muy poderosa, no puedo hacer nada.


Trate de reprimir mi boca, no podía decir mucho, por su propio bien de ella y su familia. Cubrí aún más mi rostro con la cabeza baja.

—Es tan hermosa, ¿quien no quisiera a este pequeño ser? —al escucharla y ver cómo la miraba confirmé que la amarían.

—Sus padres, ellos quieren un varón y me pidieron que me deshiciera de ella —dije por lo bajo, era lo mínimo que podía hacer si ellos serían sus padres— Ya la tuve varios días en mi casa, pero ya no puedo tenerla, así que pensé en ti y en Demir como sus padres —ladee mi cabeza para ver dentro— Se que tienen más hijos y que se que es muy difícil mantenerlos, pero ella necesita una familia —quize ver una vez más aquella niña antes de irme— Ustedes serán su familia.

Mis pasos dieron marcha de vuelta a la casa de la familia Rothchild, sin mirar a tras desde aquel día, como si nada hubiese pasado y los hechos hubieran sido diferentes.


—Lun, ve por el niño es hora de su baño —la señora ordenó.


—Aún no termina su clase de equitación —habló el señor.

—Ahora ha terminado —lo vio con frialdad.

Él bajo los ojos con indiferencia, para luego ver a su hijo.

—Ya has escuchado, ve por Zander y llévalo dentro —volvió a ordenar.

Asentí. Fui por el pequeño de apenas cuatro años y lo lleve a dentro de la casa. Los señores habían adoptado al varón mucho antes que la señora quedara embaraza, pero no como hijo sino como parte de un proceso de medicina de modificación genética, debido a la cercanía que mantuvieron crearon un vínculo con el pequeño.

Así que decidieron alejarlo de los procedimientos antes de que comenzaran. Cuando rechazaron el nacimiento de una hija, lo adoptaron a él como hijo legítimo, dando un cambio a fechas y papeles, que para la familia que eran, eso no fue nada difícil sino todo lo contrario. La niña recién nacida jamás existió como fue su orden y un varón con diferencia de dos años fue su orgullo.

Habían pasado algun tiempo y el resto de las familias exigían ver a la familia y a su hijo que tanto tiempo estuvieron fuera del alcance. El fin de semana por fin regresaríamos por completo.

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¡No editado en ortografía!

PSYCHO | (bilogía mentes)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora