LVII

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❝ Just make it die or
you will turn it all. ❞

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El abismo en el que caía tocó fondo cuando HyunJin sintió algo que nunca creyó que experimentaría.

—¿Qué clase de abrigo estás usando?

HyunJin alzó la mirada al escuchar la voz de su madre.

No era una pregunta cargada de desdén, ni estaba envuelta en esa condescendencia calculada que usaba para señalar lo que consideraba defectos en él; porque algo que sabía, era que su madre era perfecta en recriminar lo que era imperfecto. No había burla, no había sarcasmo, no estaba ese tonito petulante qué lo hacía rodar los ojos. Era… ¿curiosidad? La palabra no encajaba del todo, pero tampoco podía ignorar la suavidad que había en su tono. Por primera vez en su vida, Hyonin no sonaba como una reina calculadora ni como una madre decepcionada. Por primera vez, parecía interesada, casi amable, casi... gentil.

La rareza del momento lo envolvió como una niebla espesa, inmovilizándolo. Había algo profundamente extraño en ver a su madre así, como si de repente la fría estatua que había sido toda su vida cobrara vida frente a él. Durante años había esperado —no, deseado— algo como esto. Una conversación sin reproches, una interacción que no estuviera diseñada para recordarle sus fallas. Pero ahora que lo tenía, se sentía fuera de lugar, como si estuviera ocupando un papel que no era suyo. Esto no era normal, no para HyunJin, no para el Mayor Mal que Jamás Haya Existido.

Con dedos temblorosos, arregló el cuello de su abrigo, un reflejo de esa incomodidad que comenzaba a arrastrarse por su pecho. Su madre estaba demasiado cerca, demasiado cálida. Y entonces llegó el toque.

Las uñas largas y cuidadas de Hyonin pasaron por la tela del abrigo antes de detenerse suavemente en su mejilla. HyunJin se congeló. No había crueldad en ese gesto, no había frialdad, incluso cuando esos dedos eran gélidos cómo un pedazo de hielo. Era un contacto simple, un roce apenas perceptible, tan mediocre para lo que se consideraría una buena madre. Pero para él, fue como si el tiempo se detuviera. Nunca antes su madre lo había tocado así. Nunca. Cada vez que extendía la mano hacia él, había sido para empujarlo, para dirigirlo, para moldearlo —o siquiera, dentro del espejo, el contacto era prohibido—. Este toque no se parecía a nada de eso. Era cálido, casi… maternal.

Cerró los ojos, permitiendo que el momento lo atravesara, aunque sabía que no debía hacerlo. Cada segundo de ese contacto despertaba recuerdos enterrados, deseos de infancia que nunca se habían cumplido. Su piel ardía, no por el calor del toque, sino por la vergüenza de necesitarlo. Había esperado esto toda su vida. Una caricia. Una palabra amable. Pero ahora que lo tenía, no podía evitar sentir que era una burla cruel.

Erase una vez || HyunInHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora