❝ Dónde Jeongin es el hijo de Blancanieves, y HyunJin, el hijo de la Reina Malvada, lo corrompe. ❞
ㅤ☪︎⠀𖫲 HyunIn - Top HyunJin - Jeongin Bottom. Breve mención de otros ships
ㅤ☪︎⠀𖫲 Angst, NSFW, Temas delicados, Fantasía
ㅤ☪︎⠀𖫲 Historia...
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«—Jovencito Hwang, le recuerdo no tocar el espejo.
La voz del Director Grimm, frío y distante, parecía una brisa que se desvanecía tan pronto cómo llegaba. HyunJin apenas prestó atención, girando ligeramente la cabeza para lanzar una mirada fugaz al hombre que le había hablado, antes de que sus ojos volvieran al reflejo inquietante ante él. En el cristal, la distorsión de su imagen no le resultaba molesta, pero sentía la advertencia en el aire. ¿Por qué siempre tenía que recordar todo como si fuera un niño desobediente? Había algo profundamente incómodo en esas reglas, en esos límites invisibles que parecían seguirlo a todas partes.
HyunJin rodó los ojos con una mezcla de desdén y aburrimiento. ¿Para qué seguir con las farsa de la formalidad? Nadie podía detener lo que sucedía. Ni siquiera él.
La puerta de la torreta se abrió con un sonido que resonó en los pasillos de la antigua torre. Un giro en la cerradura, una bisagra que protestaba al moverse, y un mundo diferente lo esperaba. Las cosas habían cambiado demasiado rápido. Su mundo ya no era lo que había sido. Ya no importaba tanto cómo había llegado hasta aquí, o por qué se había convertido en lo que era. Había sido, y siempre sería, parte de ese linaje maldito. Un linaje del que había intentado escapar en cada rincón de su ser, pero que, al final, siempre regresaba para recordarle su destino.
El aire, sin embargo, tenía algo distinto. Algo que no podía nombrar, algo que ya no podía negar. Era como si de repente, todo tuviera un propósito. Como si de un solo golpe todo encajara y tuviera sentido. Ya no era la marioneta de su madre. Ya no lo era. Pero aún quedaban vestigios de algo más. Con una sonrisa torcida, se acomodó el elegante traje negro y la capa plumada que llevaba, el maquillaje retocado por hadas, se veía tan... diferente a lo usual, pero se sentía propio. El tejido estaba pesado, pero se sentía bien. Oscuro. Profundo. Como el linaje que lo definía, aunque ya no significaba lo mismo. Ya no significaba nada.
Las paredes del pasillo parecían cerrarse a medida que caminaba hacia la sala que tan bien conocía. Aquella que era, en cierto modo, la fuente de todo lo que había sido. Y, tal vez, la prisión de lo que aún sería.
A medida que cruzaba la umbría entrada, la figura de su madre apareció ante él, envuelta en una quietud que le resultaba imposible ignorar. Su presencia era como un peso en el aire, una fuerza que nunca se disipaba, una sombra que lo acechaba aún en los momentos de mayor claridad. No había dulzura en su saludo, solo una sonrisa tensa que parecía forzada en su rostro inmutable.
—Ahí está mi pequeño mirlo.
HyunJin la observó con una mirada fría, su expresión tan severa como la que siempre había tenido, sin que nada pareciera alterar su control. Madre, pensó. Una palabra vacía para algo tan lleno de contradicciones. Jamás había sentido el abrazo de amor, y si alguna vez lo hubiera experimentado, había sido arrastrado por la corriente de su propia historia rota.