Capitulo 69

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Cuando el alma tiembla

Silvia

Jorge que no le pisa para llegar al hospital, maneja como una tortuga, yo ya no aguanto las contracciones.

Estoy intentando relajarme, pero estos niños no paran, quieren ya salir...

—Jorge le pisas al acelerador o te juro que yo me bajo aquí y me voy en un taxi—. Está manejando como abuelita.

—Tranquila amor, quiero que los 4 lleguemos vivos—. Pero al paso que va 3 no llegaremos vivos.

—Apúrate maldita sea porque si no....Ay—. Otra contracción.

Las contracciones son más constantes...mis bebés ya vienen.

Llegamos al hospital, Jorge me abrió la puerta y me quiso ayudar, pero mejor le dije que fuera por una camilla, porque caminar no puedo.

Al poco rato llegó el con una camilla y 2 enfermeros.

—Tranquila amor, todo estará bien, no me iré de tu lado—.

Llegamos a la puerta donde la familia no puede pasar.

La regla de la medicina es que ningún familiar puede tratar a su familiar, así que creo que no lo van a dejar pasar.

—Doctor no puede pasar—. Lo sabía.

—¿Cómo chingados no puedo pasar? Yo soy el jefe de este hospital y yo voy a tratar a mi mujer—.

—Lo siento Jefe pero reglas son reglas—.

Se notaba algo fastidiado.

—Pero...—. Entre menos hablen mejor.

—Aquí quédate Salinas, llena mi hoja de ingreso con mis datos nos vemos en un...Ay ya quédate aquí—.

—Todo va a salir bien mi amor si—.

Ordené que los camilleros avanzaran, antes de irnos Jorge besó mi mano.

Llegamos a un cuarto, ahorita ni recuerdo el nombre del lugar para acabarla...
Llegó la doctora Rocio de ginecología y por suerte también es partera.

Escuché que dijo que tenía 5 centímetros de dilatación, que tenía que llegar a 10 si quería parto natural y eso es lo que quiero, a lo que me dijo también es que los gemelos están bien.

Susy, vino a ayudarme a ponerme la bata, dijo que no se iba a separar de mi lado porque Jorge se lo ordenó, también a mi lado estaba Sebastián.

Me administraron algo para dolor y solo toca esperar que estos chamacos estén listos.

Me pusieron unos aparatos en el estómago, según para ver qué constantes eran las contracciones.

Llegó mi madre y mi hermano, Alma no pudo entrar por su bebé, aún que después hablaré con Jorge para que le den un permiso para que pueda entrar.

Jorge entró pero como familiar, lo sé porque traía un Gafet como los demás.

—¿Cómo te sientes?—.

—No me vez, tus hijos quieren guerra—. Ambos reímos. —Pero me urge que ya estén aquí conmigo—.

—También yo quiero que estén aquí—. Toco mi barriga. —Niños dejen a su pobre mami, todavía no salen y parece que ya lo hicieron, tengan compasión de su mami—. Hablo en modo como yo le hablo a mi sobrina, todo cursi.

Sentí que se movieron cuando les habló su padre.

—Ve ya hiciste que se movieran un poco, pero Ay—. Otra contracción más fuerte.

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