Capitulo 71

61 5 5
                                        

Donde nace la paz

Silvia

Había pasado casi un año después desde que volví a nacer. No encuentro una forma más precisa para decirlo. Un infarto, una operación de pulmones, una herida que me dejó una cicatriz en la pierna...
todo eso me hizo pensar que mi historia se acababa. Pero no, solo cambio de rumbo.

Cada día era una conquista. A veces mínimas, otras gigantes. Caminar, respirar sin miedo, sonreír sin que duela. Me sostenía un bastón, si, pero el verdadero apoyo era Jorge. Nunca soltó mi mano. Fue padre cuando no pude serlo del todo, compañero cuando más lo necesitaba, y lo más bonito... fue mi hogar.

Nuestros hijos, León y Angélica, ya dan sus primeros pasos. Me miraban con esos ojos llenos de luz, como si no supieran que mamá casi no lo logra.
Tal vez, por eso, cada vez que los abrazo, lo hago con el alma entera.

Doy gracias a la vida por darme una oportunidad más, alado de mi familia. Porque ahora si los estoy disfrutando como nunca.
Cuánto daría por que mi padre me viera tan feliz después de la tormenta, pero no he sabido nada de él ya en casi 2 años.

Una tarde, Jorge me pidió que lo acompañara. No me dijo a donde íbamos.
Solo me miró con esa tranquilidad que me desarma y me dijo:
—Confía en mí—.

Si confío en él pero aveces hace unas que no sé de dónde se le ocurren.

Como hace 1 mes se aventó de paracaídas con Jorgito y casi me da otro infarto al verlos caer.

Digo que me iba a dar porque yo no sabía que se iban a aventar de ahí y de tan alto.

Recuerdo a los gemelos riendo y yo muerta del miedo.

—¿Y el niño y clones con quién se van a quedar?—.

—Mi madre vendrá a cuidarlos esta noche, no volveremos esta mañana—.

Pues a dónde vamos a ir que no volveremos esta noche.

—Está bien Jorge—.

Nos metimos a bañar juntos y nos metimos a bañar juntos.

Subimos al auto, y durante el camino me dejé llevar. El paisaje comenzó más silencioso, era a las afueras de la ciudad. Y entonces lo vi.

Una casa grande en la zona más tranquila de la ciudad.
Árboles alrededor, el viento suave, el olor a madera y el tiempo detenido.

Me bajé despacio. Mi corazón se apretó.

—¿Qué es este lugar?—. Pregunté. Apenas en un susurro.

Jorge, mi hombre, mi todo me tomó de la mano, como siempre lo hace cuando algo es importante.

—¿Te acuerdas que una vez me dijiste que querías un lugar donde el alma pudiera respirar?—. Me dijo. —Este es ese lugar. Aquí puedes hacerlo. Aquí, todo lo malo se queda afuera—.

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El destino Donde viven las historias. Descúbrelo ahora