Donde nace la paz
Silvia
Esta mañana, mientras doblaba la ropa de los niños, encontré en el fondo del cajón una ropa pequeña, ropa de mis hijos cuando eran bebés. Los tome entre mis manos y me quedé ahi, con la tela suave contra el pecho, sintiendo como se me llenaban los ojos de lágrimas. No de tristeza, no. De esa emoción que nace cuando sabes que has vivido bien.
Han pasado siete años desde el día en que me vestí de blanco y camine hacia Jorge con el corazón latiéndome en las manos.
Siete años después que pronunciamos nuestros votos rodeados de gente que nos ama, y desde entonces, todo cambió... y sin embargo, todo sigue igual.
Jorge es mi compañero en cada paso, incluso en los difíciles, que también los ha habido. Porque el amor verdadero no es perfecto: es elegir a la misma persona una y otra vez, incluso cuando se vuelve más fácil rendirse.
He aprendido que la paz no siempre llega como una explosión de felicidad, sino como una brisa. Como ese instante en el que el silencio no pesa, sino que abraza. Como cuando Jorge me acaricia la espalda por las noches y se, sin que diga una palabra, que me ama. Como cuando los niños corren por el jardín y sus risas se mezclan con el viento.
Hoy miro atrás y me siento agradecida.
Por las veces que lloré creyendo que el amor no era para mí. Porque todas esas lágrimas me trajeron aquí.
Por las veces que dudé de mi, de él, de la vida... y sin embargo, seguí.
Por cada paso que dimos juntos, incluso los torpes, incluso los que dolieron.
Porque nos hicieron llegar hasta este presente lleno de luz.
A veces Jorge me dice que le da miedo envejecer, que el tiempo nos cambie. Pero yo solo le tomo la mano y le digo que mientras mire como lo hace ahora, mientras me siga llamando "baby" con esa sonrisa boba... yo no le temo a nada.
Ahora entiendo que el amor no se mide en promesas, ni en momentos perfectos.
Se mide en lo cotidiano.
En el café por las mañanas.
En la toalla que me deja colgada en el baño porque siempre se le olvida.
En las flores silvestres que pone en un frasco junto a mi almohada, sin decir nada.
En las voces que se despierta antes que yo y me dejo dormir un poco más, solo porque sabe que me desvelo en las guardias.
La paz nació aquí.
En este rincón del mundo que construimos juntos.
En esta casa donde cada puerta se abre con una risa.
En este amor que no necesita gritar para ser fuerte.
Y si pudiera regresar a esa Silvia que tenía dar el paso, que no sabía si merecía ser feliz después de lo que Daniel le hizo... le diría que sí. Que todo valió la pena. Que no hay tormenta que no acabe cuando se aman después verdad.
Aquí estoy.
Siete años después.
Con un alma serena, tres hijos maravillosos, y el amor de mi vida dormido en el sillón con un libro en el pecho.
Y ya no deseo nada más.
Solo seguir aquí.
Justo donde el destino nos unió y donde nace la paz.
Fin
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El destino
RomanceSilvia una joven de tan solo 20 años pasó la desgracia de su vida, después de sufrir un abuso de parte de tu pareja Fernando y que el pasado no la dejara en paz. Decidió irse a estudiar a Roma, Italia para librarse de su pasado y sus tormentas. Lo q...
