Capitulo 73

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El gran día

Silvia

Ya es el gran día...bueno, casi. Mañana, exactamente a las dos de la tarde, caminaré hacia el altar. Mañana mi vida cambiará, otra vez, pero esta vez lo hará para bien.

Esta vez no hay dudas ni sombras. Esta vez hay certeza, hay amor. Pero también miedo.

Si lo acepto. Tengo miedo. Miedo de que algo salga mal. Miedo de que este sueño perfecto que hemos construido con tanto esfuerzo y ternura, se rompa como un cristal delgado. Es un miedo silencioso que se esconde detrás de la emoción, como una corriente fría bajo el agua tibia.

Pero también tengo esperanza. Una esperanza tan fuerte que podría levantarme en medio de una tormenta. Y eso hago: confío, suspiro y pido. Pido con cada parte de mi alma, que mañana sea nuestro día feliz. Que al fin sea mi momento feliz.

Hoy fue un día largo. María me llevó a ver los últimos detalles de la ceremonia. Flores, sillas, manteles, el sonido, la música, todo.

Ella está tan emocionada como yo, aún que lo disimula tras esa forma suya de controlar todo como si fuera una productora de Hollywood. En algún momento se me quedó mirando en silencio, y me dijo con los ojos "lo lograste". Y si, quizás lo logré.

No dormiré en casa esta última noche como soltera. Dormiré en casa de mi suegra, por tradición, por superstición ya saben que el novio no debe de ver a la novia antes de la boda.
Los niños se quedaron en casa con mi mamá y Jorge. Eso fue lo más difícil. Porque en un año no me había separado de ellos.

Quise traerlos conmigo, abrazarlos una última vez antes del gran día, pero mi madre me tomó las manos y me dijo: —Esta noche me encargo yo, tú tienes que descansar. Mañana tienes una cita con el destino.

Y lo entendí, aunque me costó. Me siento rara sin ellos.
Estaba sentada en la sala, mirando sin mirar un programa en la televisión. Nada me atrapaba. La mente se me iba a los detalles, a los zapatos que aún no había desempacado, al vestido que colgaba en el clóset como una promesa de cuento de hadas.

Entonces sonó mi celular.

Videollamada de Mi amor ♥️

Y el corazón me dio un vuelco. Esa llamada fue como un bálsamo, como un ancla. Lo necesitaba. Una noche sin él era como un infierno con olor a perfume caro.

—Hola baby—. Respondí, y su imagen llenó la pantalla como una ráfaga de sol.

—¿Cómo está mi futura esposa?—. Dijo con esa voz suya que me derrite, grave y cálida.

—Estoy nerviosa ¿y tú?—.

—Igual. Muero por verte vestida de blanco—.

—Y yo muero por verte en el altar—. Suspire. —¿Cómo están los niños?—.

—Se fueron a dormir hace rato. Ayude a tu madre a hacer la cena y luego los subí al cuarto, pero al instante se quedaron dormidos. Estaban cansadísimos—.

—Que bien...—. Respondí con una sonrisa que se me escapó sin permiso.

Y fue entonces cuando lo supe: esa llamada era necesaria. Verlo me dio paz. Escuchar su voz me envolvió como una manta en una noche fría.

—Oye Salinas—.

—Dime, amor—.

—Me voy a dormir ya. Según Alma tengo que dormir bien dormida para mañana—.

—Está bien—.

—Mañana tengo una cita muy importante a las dos de la tarde—. Dije en tono juguetón.

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