Bajo la misma bata
Silvia
El despertador sonó como un recordatorio cruel de que el fin de semana había terminado. Era lunes, y mi turno en el hospital comenzaba a las ocho. Miré la hora: 6:45. Apenas me quedaba tiempo justo para arreglarme.
Me di una ducha rápida, me maquillé lo necesario y me vestí con una blusa roja, un saco blanco y un pantalón del mismo tono. Un par de tacones de aguja rojos completaron el conjunto. Doblé cuidadosamente mi uniforme verde esmeralda y mis tenis blancos, los guardé en mi maleta de trabajo y salí rumbo al hospital.
Solo entonces recordé que no tenía coche. Suspiré y pedí un transporte. Me prometí que en cuanto pudiera, compraría una camioneta.
Al llegar, fui directo a los vestidores. Me cambié y bajé a revisar los reportes de los bebés en incubadora y los niños hospitalizados. Apenas comenzaba mi rutina cuando una enfermera pelirroja se me acercó, algo nerviosa.
—Hola, doctora... me imagino que usted es la nueva —dijo, sonrojada.
—Esa soy yo —respondí con una sonrisa amable—. Dime.
—Bueno... es que el hospital organizó una junta para conocerla. Ya es hora, la esperamos en el salón principal.
Se marchó antes de que pudiera decir algo más. Terminé de revisar a mi pequeño paciente y me dirigí al salón.
El lugar estaba impecable: pisos y paredes blancas, sillas color café oscuro, y un ambiente elegante. Me senté en una de las sillas del fondo, esperando que la reunión no se alargara demasiado. Entonces escuché la voz por el micrófono.
—Hola, hola. Hoy damos la bienvenida a una nueva integrante del equipo. Los honores los hará el director Salinas.
Mi corazón dio un vuelco. ¿Jorge? ¿Director? Yo sabía que era médico del hospital, pero nunca imaginé que tuviera un puesto tan alto.
—Un fuerte aplauso para la doctora Silvia Navarro, que se unirá a nosotros en el área de pediatría —anunció Jorge, con una sonrisa que me desarmó y a la vez me desconcertó.
Los aplausos llenaron el salón. Caminé hacia el estrado con las piernas un poco temblorosas.
—Hola, soy la doctora Navarro. Mi especialidad es pediatría, aunque también tengo conocimientos en cardiología por si necesitan apoyo. Espero que podamos trabajar en equipo y apoyarnos siempre —dije, tratando de mantener la compostura.
Cuando terminé, le devolví el micrófono a Jorge y bajé.
—Todos a sus actividades —anunció él—. Navarro, la espero en mi oficina en quince minutos.
Mientras me dirigía hacia los pasillos, un grupo de enfermeras me interceptó.
—Hola, soy Joana —dijo una de ellas, extendiendo la mano.
—Un gusto, Joana.
—Y yo soy Sofía —añadió otra.
La tercera, una rubia con mirada altiva, se cruzó de brazos.
—Yo soy Anastasia. Y, doctora, le aviso desde ya: soy la favorita de Jorge. La nueva conquista no me asusta.
Sentí que la sangre me hervía.
—No soy ninguna conquista —respondí, firme—. Vine a trabajar, no a competir. No es mi culpa si Jorge no sabe quedarse con ninguna.
Su sonrisa se torció.
—Claro... tan modosita que pareces, pero se te nota lo "fácil". No tardarás en caer en su cama.
Respiré hondo para no responderle con un golpe.
ESTÁS LEYENDO
El destino
RomansaSilvia una joven de tan solo 20 años pasó la desgracia de su vida, después de sufrir un abuso de parte de tu pareja Fernando y que el pasado no la dejara en paz. Decidió irse a estudiar a Roma, Italia para librarse de su pasado y sus tormentas. Lo q...
