La espada

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Desperté con Willy a mi lado, eran pocas las ocasiones en las que lo puedo ver dormir sin tener que levantarse en unos cuantos minutos. Sin embargo, y para mí mala suerte, tenía que continuar con la pintada y los arreglos al local, así que no podría estar mucho tiempo con él.

Me senté en la cama mientras acomodaba mi cabello, tenía un poco de sueño aun, pero nada que un café no pudiera quitar. Lo observé por un rato, se veía adorable cuando dormía, porque se veía tranquilo. Tenía sus manos puestas en la almohada, su rostro mirándome a mí. A veces quisiera atesorar este tipo de rostros, son los únicos que me permiten pensar en paz.

Cuando por fin pude ponerme de pie sentí como una mano cogió mi pants, haciendo que me quedara quieto. Lo voltee a ver y miré su rostro adormilado obligándose a abrir los ojos, se veía bastante cansado de alguna forma.

—Vete a dormir, no siempre puedes hacerlo —Dije riendo, mientras alejaba su mano y depositaba un beso en su frente—. Will

—No te vayas —Susurró—. Quédate, hace frío

Mi corazón se estremeció un poco, pero entendía lo que quería decir. ¡Era un tramposo después de todo!

—No te hagas el dormido, ¿desde hace cuánto estás despierto? —Le pregunté riendo, mientras me sentaba frente a él, en el suelo. Abrió sus ojos mientras sonreía, una sonrisa pilla que reía por sí misma. Comencé a sentir su respiración atravesar sus brazos y llegar a mi rostro, recosté mi barbilla en el colchón para verlo a la cara, alejó sus brazos y los posó en mi cabellera, acariciándola y revolviendo cada cabello. Había pasado mucho tiempo desde que sentí que todo estaba bien.

—Qué lindo te ves ahora mismo —Me dijo—. Te tomé una foto ayer mientras dormías

—¿Qué? —Pregunté riendo, mientras él depositaba un beso en mi mejilla y volvía a su posición original—. ¿Por qué me acosas?

—Fue imposible, te veías tan lindo dormido que sucumbí a la presión —Contestó—. De cualquier forma, grabaría ese panorama por siempre, en foto o no, lo recordaría

—Romántico —Susurré ocultando mi rostro—. Y embarazoso

—Más embarazoso es decir que te quedes porque hace frío —Comencé a reír y me subí de nuevo a la cama, sujetándolo por los brazos y pegándolos hacia el colchón, besando sus labios hasta que nuestras respiraciones se volvieron cálidas, su risa ahogada en los besos me gustaban, me hacía reír.

Me recosté encima de él, sintiendo sus latidos y su respiración cubrir mi cuello, era increíble aquella paz que solo él me daba, eso hasta que tocaron la puerta.

—Will —Escuchamos a Amet—. ¿Podría preguntar algo? ¿Estás despierto?

—Sí —Contestó él—. Voy, espérame un momento

Me aparté de él y le di un golpe leve en sus glúteos, para él responder alzando su dedo medio. Saqué una risa y me di la vuelta. Cuando dejó la habitación y cerró la puerta, cubrí mi rostro con mis dos brazos. Sentía una ligera tensión por parte de Amet, por su tono, parecía que algo andaba mal.

Ligeramente preocupado me puse de pie de nuevo, me dispuse a salir de la habitación para toparme de frente con mi novio, quien ahora tenía un rostro de preocupación increíble.

—¿Qué pasó? —Le pregunté inquieto—. ¿Will?

—Tengo que salir un momento —Contestó sonriéndome, aunque aquella sonrisa pareciera amplia, era bastante falsa. Lo cogí del brazo y mirándolo a los ojos, pregunté.

—¿Qué pasó? —Pregunté insistente—. Dímelo antes de que explotes sin yo saber nada

—Michelle está en la puerta de la casa, necesito ir con ella y platicar acerca de lo que está pasando

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