Capítulo 75

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POCHÉ

—¿Quién eres tú? —fue lo único que preguntó, su voz apenas un susurro tembloroso. Quise estar frente a ella para poder presentarme.

 

—Soy María José —me presenté, el tono seguía siendo sorprendentemente calmado—. Dame tu mano, ¿sí? —le pedí.

 

—¿Por qué? —preguntó, confundida y un poco más calmada.

 

—Porque quiero ayudarte —respondí como si fuera lo más natural del mundo.

 

—¿Ayudarme? —repitió, aún más confundida—. Yo no... —No pudo terminar la frase porque aproveché la oportunidad para tomarle la mano y la jalé hacia mí. Ella tropezó, perdió el equilibrio y terminó impactando contra mi pecho. La abracé y ambas caímos al suelo de la terraza.

 

—Ush —me quejé de dolor, mientras la chica, todavía aturdida, se encontraba encima de mí.

 

*******

 

Encontré a Calle sentada en el césped, como una niña pequeña, con la cabeza entre las manos.

 

Me senté a su lado, sintiendo el frío del pasto y el calor de su cuerpo junto al mío. Nos quedamos en silencio, mirando el cielo. El aire olía a hierba mojada y a promesas rotas. Por un momento, solo fuimos dos chicas cansadas, tratando de entenderse.

 

—¿Sabes? Cuando era niña, solía mirar las estrellas con mi madre —dije, sin saber bien por qué lo compartía—. Ella me decía que cada estrella era una historia, y que si miraba bien, podía encontrar la mía.

 

Calle sonrió, una sonrisa pequeña y honesta, y apoyó la cabeza en mi hombro. Sentí cómo su peso me anclaba a la tierra, cómo su cercanía me hacía olvidar todo lo demás.

 

—¿Y cuál es tu historia, Poché? —preguntó en voz baja.

 

—No lo sé —admití—. Creo que todavía la estoy buscando.

 

Ella suspiró, tan cerca que sentí su aliento en mi cuello.

 

—Yo también. A veces siento que no pertenezco a ningún lado. Que todos terminan yéndose, tarde o temprano.

 

—No todos se van —dije al fin, apretando su mano con suavidad—. Algunos nos quedamos, aunque no siempre sepamos cómo demostrarlo.

 

Calle levantó la cabeza y me miró, sus ojos llenos de preguntas.

 

—¿Tú te vas a quedar, Poché? —preguntó, y su voz era tan frágil que sentí que cualquier respuesta podía romperla.

 

—Sí. No pienso irme a ningún lado —le aseguré, y sentí que esa promesa era más para mí que para ella.

 

La Guardaespaldas [EDITANDO]Stories to obsess over. Discover now