Terminar la universidad significa comenzar una vida de adulto y con ella hay dificultades.
Amber y Alex no tienen nada muy claro, pero hay una cosa de la que están seguros y es que quieren afrontar todo juntos.
(Segunda parte de Amber)
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Mi cumpleaños jamás ha sido la gran cosa para mi, solo me gustaba por el hecho de que podía pedir el pastel que quisiera y mamá lo haría. Nunca lo festejo de forma ostentosa, pues solo tengo a Nara y Keila, una pijamada o una ida al club siempre han sido nuestras únicas opciones, pero esta vez no iré solo con ellas, también con Alex y me quiero ver linda, pero nada me queda bien, mi cuerpo arruina cada prenda que me pruebo y Dios, me odio.
La falda que mamá me había regalado es realmente hermosa, el top también, pero la que no es hermosa soy yo, yo y mi rollo, yo y mi cuerpo de gorda que jamás he podido mejorar. Había ido a buscar el espejo al cuarto de Colton, pero fue un error, pues ahora que veo mi reflejo me odio mil veces más. ¿Qué estaba pensando mamá cuando compro esto? ¿Acaso olvidó que su hija es xl?
—Ya, Amber, deja de intentarlo, te ves horrible con todo— me dije a mi misma, viendo como mis enormes tetas sobresalían del top. Listo, se cancela el club, prefiero quedarme aquí viendo películas en mi seguro pijamada mil tallas más grandes. —Que horror, eres realmente horrible— miré dentro de mis propios ojos y sentí como mi propia inseguridad me miraba, burlándose, sonriendo porque logro su cometido, arruinó todos mis planes. Alex seguramente se reiría de mí si me viera vestida así, seguro pensaría que soy su tonta ¿como alguien como yo podría pensar que alguien como él me quiere enserio? ¿Cómo una gorda como yo podría estar con un dios griego como el? Dios ¿en que estoy metida?
Oí un sonido detrás de mí y cuando giré lo vi ahí parado, como si lo hubiese llamado por telepatía y mi primer instinto fue cubrirme.
—Ho-hola— tartamudee, cubriendo mis brazos y tratando de cubrir mis pechos.
—¿Qué estabas haciendo?— preguntó el, acercándose despacio, como si yo fuera una bomba de tiempo, pero jamás una bomba sexy. Le expliqué rápidamente que me estaba probando ropa, pero que estaba planeando cambiar de planes para mi cumpleaños, mientras una risa casi involuntaria y realmente nerviosa salía de mi, mientras volvía a mirarme al espejo, apenada, pues nunca sucedió eso de que el patito feo se convirtiera en cisne. Alex se colocó detrás de mi, abrazando mi cintura, haciéndome sentir por un segundo que él es Jack y yo Rose... pero él es solo un badboy y yo su apuesta del momento.
—Amber, eres realmente hermosa— él tomó el cierre de la falda y empezó a bajarlo. Claro, búrlate de mi, así me vas a seducir y luego te acostaras conmigo, y te iras dejándome sola, acomplejada y con el corazón roto. El cierre se terminó y la falda cayó, haciendo que el sonido del jean contra el piso me de escalofríos, pues fue tan delicado y a la vez fuerte. Me abandono, dejo mi panza y mis estrías ahí, a la vista y mis bragas sin gracia, solo blancas y de algodón.
—Alex ¿qué haces?— pregunté, nerviosa.
—Quiero que te veas como te veo yo— me respondió, en un susurro delicado, mientras nuestros ojos se encontraban en el espejo. Claro, cuando estoy con el seguro parezco súper segura de mi misma, pero en realidad no es así. El paso sus largos y tibios dedos por mis estrías, luego por mi ombligo y así siguió hasta que se encontró con el borde de mi top. Me miró pidiendo aprobación, pero no pude reaccionar, así que él tomó la decisión por si mismo y me lo quitó, dejándome solo en ropa interior y aunque estoy nerviosa hasta los huesos, quiero más. Nuestros ojos ya eran completamente negros, había deseo, había fuego, todo eso, mezclado con mi piel erizada, mi estómago contraído y mi respiración que pronto dejó de ser regular, mientras que mi pecho empezaba a subir y bajar, agitado. Entonces sentí como el broche del sujetador se desprendía, haciéndome sentir un pequeño placer, pues no me gusta usar sujetador, pero mis pechos son bastante grandes, básicamente como todo en mi. Sus dedos acariciaban el rastro de los tirantes mientras los bajaba, hasta que el sostén dejó mi cuerpo para caer al piso y se acomodó junto a la falda y el top.