¿Cómo has estado estos días?

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―¡Esto no lo podemos cubrir! ―gritó aterrorizado Juan―. ¡Lucas lleva actuando extraño mucho tiempo! Con esto... ya no estoy seguro de si puedo seguir confiando en él, Fer.

Quizás sus ojos se movieron levemente en señal de descontento al escucharlo.

―Si tú no quieres ser parte de esto, lo ayudaré sola, pero no puedo dejarlo así ―de repente se recordó así misma en la sala de clases frente al degenerado profesor, sola―. Lucas es un hombre respetable, de muy buenas maneras que te aseguro, jamás ejercería por gusto la violencia, esto tuvo una razón de ser y no voy a dejar que le jodan más la vida por algo que no merece.

Juan se estremeció al escucharla maldecir, sin embargo procuró no parecer sorprendido, sabía que de hacerlo, la molestaría aún más.

―Fer, yo sé que usted desea ayudar a Agustín, mas esto cruza demasiados límites, por lo menos para mí ―se imaginó el cuerpo de la víctima, y a Lucas matándolo―. ¿Cómo puede usted estar tan tranquila después de lo que vio?

<<Porque el muerto tenía el pantalón abierto y los botones de la camisa sueltos hasta el pecho, porque Lucas tenía la camisa desabotonada y los ojos en silencio. Porque de yo haber podido hacerlo ese día en la sala, también lo habría hecho>>. Pensó.

―¿Has sentido alguna vez miedo, Juan? ―advirtió que iba a abrir la boca para tomar aire y lo interrumpió―. No hablo de llenar de muertos una pieza oscura, o soñar con abismos, sino de miedo real, cuando crees que no solo es tu vida lo que peligra, cuando aceptas tu destino y te paralizas.

Juan movió la cabeza de lado a lado en señal de negación.

―Yo sí, y sospecho que Lucas también. Pero él fue más inteligente que yo, porque usó el miedo como puente para llegar hasta la rabia, y eso lo salvó ―miró por un segundo sobre los hombros de Juan, como si estuviese observando algo mucho más allá de su propia experiencia―. La rabia hace que uno se mueva, ¿sabes tú qué pasó con él la última vez que se paralizó?

―No ―juan nunca había entendido bien qué había ocurrido entre Lucas y la familia de Agustín, ni por qué. Nunca quiso escuchar los rumores completos, y aunque guardaba para sí ciertas especulaciones, no deseaba ni formular más, ni confirmarlas.

―Benedicto lo pateó en el piso hasta que se cansó, eso fue lo que ocurrió. Lo golpeó por casi diez minutos, a vista y paciencia de quien se cruzara por la calle, sin que nadie hiciera nada, y él no devolvió ni uno solo de los golpes ―explicó enojada―. ¿No crees que si actuó con violencia, debió haber tenido una razón? Ese hombre, su vecino, era un... ―se arrepintió de la frase.

En el rostro del muchacho se reflejaba tanto indignación como curiosidad, deseaba preguntar "¿un qué?", pero intuyó que no debía, que era mejor callar.

―Ustedes dos no deberían hablar de temas como esos en plena calle ―formuló una voz cubierta por oscuridad―. Puede que no hayan divisado a nadie cerca, pero uno nunca sabe quién puede escuchar.

Lucas debatió un momento si lo que estaba a punto de hacer era buena idea. Rápidamente llegó a la conclusión de que era una acción falta de coherencia, sin embargo no podía pensar en nada más. Cada tanto, la abrumadora sensación de poder que sintió al contemplar morir a su vecino le acosaba como una maldición, tenía miedo de creer que estaba orgulloso de haberle matado, mas lo estaba. Ese miedo propiciaba que sus pensamientos se marcharan hacia alejados lugares que lo refugiaban de la lógica y la culpa.

Empuñó su mano y golpeó la puerta tres veces, nadie atendió su llamado. Tocó una última vez, también en vano, antes de decidir tratar de abrir la puerta girando la manilla con sorprendente eficacia. La última persona en salir no había echado llave, y ningún obstáculo le impidió entrar al paraje que por tanto tiempo tuvo prohibido.

Nosotros [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora