¿No has pensado en salir de Chile?

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En la mesa cuidadosamente dispuesta, a diferencia de otras ocasiones, no reinaba el silencio. Atrás del mueble, una ventana con cortinas decoloradas por el tiempo y los lavados, permitía la entrada a un tenue haz de luz solar que poco o nada calentaba, pero que encendía el cabello de Agustín y resaltaba los golpes en su cara... Durante la comida, nadie dijo nada con respecto a ese tema, "siempre hay cosas que es mejor no preguntar, y es parte de la buena educación saber cuándo se debe callar", o algo así recordaba Luisa que le había dicho su madre.

De vez en cuando, una mirada rauda atacaba tanto a Luisa como a Lucas, debido a que ambos trataban en vano de esconder la mayor cantidad de arvejas posibles en el borde del plato, en orden de evitar saborearlas. Agustín fingió no darse cuenta, listo para poder usar ese detalle como herramienta para embromar a su cercano a futuro.

―Entonces, ¿dónde te vas a quedar hoy? ―preguntó Lucas una vez se vieron solos en su habitación. En su voz había una suspicacia casi imperceptible.

Agustín pareció decepcionado por un momento.

―Esperaba que tu madre me concediera permiso para quedarme acá hoy, suponiendo que no fuere una intromisión demasiado inoportuna.

―Lo es, probablemente perderá la oportunidad de tenerte cerca y te mandará con odio fuera ―el rubio no contestó, su mirada distraída se hallaba paseando entre el piso y el escritorio―. Pero sabes, en la plaza hay una banca bastante cómoda, si no mal recuerdo...

Su interlocutor volvió en sí, y respondió serio, para no hacer notar su intención clara de seguirle el juego.

―¿Habla usted por experiencia?

Dentro de la mente del dueño de casa se agolparon indeseables imágenes de una mala idea tenida a los diecinueve años. No contestó.

―Espera, ¿de verdad hablas por experiencia?

Lucas se sentó en su cama y tratando de tomarlo con humor prosiguió:

―Cuando me gradué del liceo, unos amigos y yo decidimos meternos al colegio escondidos y... ―se aflojó el nudo de la corbata―. Nos pusimos a tomar vino barato en el techo, nos pareció buena idea en el momento, no así cuando decidimos que queríamos bajar... para cuando pudimos tocar tierra sin matarnos, era demasiado tarde y mi mamá me dejó afuera.

Agustín soltó una carcajada al escucharlo. Reír le hizo doler el pecho, y le abrió la herida que el golpe de su padre había provocado en su boca, la sangre metalizó el sabor de su saliva y detuvo suavemente su sonrisa. Trató de que Lucas no lo notara.

―Bueno, me siento más seguro al saber que la banca a la cual me mandarás tiene una buena recomendación ―sentóse en la silla del escritorio y leyó de reojo un papel.

"Noche azul sin luna, nombre se borra en el reloj de letras".

―Mi madre no dudará medio segundo en recibirte. Eres como un ángel para ella...

―¿Y para ti? ―preguntó casi con desinterés, aún mirando los papeles.

<<"Me pregunto si ya estará usted dormida... espero que sí, espero que no sueñe conmigo..."; "Tengo miedo de contarle y de que ya usted no piense en mí nunca más..."; "el rostro de don Ramírez palideció, mientras que el de..."; "la niña llorando, la niña encerrada, la niña de mirada tibia manchada de sal" Los labios resecos por el frío de la mañana no pierden por ello ni color ni suavidad, de la camisa se asoma la piel que encierra un corazón que probablemente late con fuerza... fuerza tiene su agarre, fuerza tiene su mirar, ¿cuánta violencia puede albergar la espera? Sus palabras son más fuertes que las mías, pero nadie gana nunca en la pelea porque es juego y alegría... Se va a casar... tacto completo, le quedará bien la barba que se ha comenzado a dejar>>.

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