CAPITULO 5

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-Busca a Byron -Dice mi madre por quinta vez-Nunca viene y cuando lo haces no sales.

Furiosa salgo a buscarlo, hace veinte minutos salió a comprar una gaseosa grande para la cena y aún no regresa.

Al bajar las escaleras del barrio,noto a un montón de policías, a lo lejos veo a Byron, de rodillas.

Sin pensarlo corro hacia el y lo abrazo.

-No te lamentes

-Tu estas muerto.

-Sigue cuidando a mis hijos.

Me levanto sobresaltada de la cama.

¿Que carajos fue eso?

Son las cinco de la mañana.

Camino directamente hacia la máquina que me había ayudado a sanar mis ansiedades matutinas, así que sin mucho preámbulo me monto en ella para comenzar a correr. Las lágrimas no tardaron en hacerse presente al recordarlo.

Hace mucho que no soñaba con el.

-Eres hermosa, Alexander es un imbecil.

Los recuerdos rápidamente comienzan a posarse en cada rincón de mi pequeño cerebro.

Te Amo Tanto.

Felices 16.

Si pudiera retroceder el tiempo lo haría, cambiaría el orden de los factores y hubiese ido yo y no el.

Pero, supongo que así es la vida. Cargada de llantos y lágrimas de personas sanas.

El sonido del despertador de mi celular me saca de mis pensamientos; eran las seis de la mañana. Había estado corriendo durante una hora sin darme cuenta, inmersa en la libertad que el ejercicio me brindaba. Mis pies no dolían, y el sudor que empapaba mi piel no era más que un signo de mi esfuerzo y dedicación, un recordatorio de que estaba viva y en movimiento.

Con una sonrisa en el rostro, me dirigí hacia mi habitación en busca de mi ropa. La idea de refrescarme era tentadora; sabía que si entraba a la ducha en este estado, terminaría sintiéndome pesada y rígida, como una piedra. Así que, con pasos ligeros y el corazón aún latiendo con la energía de mi carrera, abrí el armario y elegí una ropa cómoda.

•••••••••••••

Bajo de mi coche lo más rápido posible, el reloj marcando el tiempo con insistencia mientras me apresuraba hacia mi lugar de trabajo. A pesar de haberme levantado temprano, el tiempo parecía haberse escabullido entre mis dedos, y la realidad me golpeó: no sería lo suficientemente puntual.

Mi mente, aún luchando contra los restos del sueño, había decidido hacer una pausa, dejándome vulnerable a los embates de la fatiga. En un momento de descuido, el cansancio me había atrapado, llevándome a perderme en un profundo sopor mientras estaba en la bañera. El agua tibia me había abrazado, y antes de darme cuenta, había sucumbido a la tentación del descanso.

Ahora, al enfrentar la prisa del día, sentía la mezcla entre la frustración y la risa ante la ironía de la situación. A veces, el cuerpo y la mente nos juegan bromas, recordándonos que, por más que intentemos controlar el tiempo, hay momentos en los que simplemente necesitamos detenernos y respirar.

- Siento llegar tarde, me he quedado dormida..- saludo a Kelly.

- No te preocupes, me imaginé.

- ¿Se ha dado cuenta?

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora