Paso mis manos repetidamente por mi cara mientras la lavo; lo que había pasado de tarde me la había pasado buscando con Okana las cosas para la reunión que tendríamos en la noche. La cual, al llegar las siete, fue cancelada, algo que nos ponía entre la espada y la pared: necesitábamos hablar con ese hombre lo antes posible. No sabía qué había pasado, así que solo me limité a ignorar y seguir haciendo lo que fuera que debía hacer.
—¿Cómo se atreve a cancelar la cena a última hora?— Okana soltó molesta al teléfono mientras miraba por la ventana que daba al patio trasero. —Sabes, eres un maldito al igual que Arabí.
La vi colgar el celular para luego salir del pequeño estudio hecha una furia. Ahora estaba completamente jodida; no sé desde cuándo estoy tan metida en estos problemas de narcotráfico. Tomé en mis manos los papeles que ella llevaba revisando desde que habíamos llegado. Al tenerlos en mis manos, pude visualizar pequeñas fotografías con las bibliografías de algunos narcos de la zona.
—Ya están en Dubái…— Okana volvió a aparecer frente a mí con su bebé en brazos. —Están en muy buenos cuidados todos.
El plan había salido de maravilla, lo que significaba que la marea ya estaba un poco baja.
—¡¡Señorita!!— uno de los hombres llegó a la oficina, asustándonos.
—Felipe, ¿qué ha pasado? ¿¡Por qué entras así!?
—Rachel acaba de asesinar a seis hombres.
—¿Ya está aquí?
—En el hotel que usted ha dicho que la dejáramos.
—¿Quiénes eran los hombres?
—Uno era Viktor, los demás no estamos conscientes.
—Tráiganla hasta acá y limpien el desastre…— Levantó a su bebé para darle un casto beso en la nariz. —Por lo que veo, no es tan santa como se ve.
—Su pareja es el mejor mafioso hasta ahora, debe saber defenderse.
Los minutos comenzaron a transcurrir y con ello la entrada triunfal de Rachel a la sala, llena de sangre. Me hubiese parecido extraño si yo no hubiese asesinado antes.
—¿A quiénes asesinaste?— Okana habló con cierto recelo, sin siquiera saludar.
—Déjame tomar agua por lo menos— Rachel intentó girarse cuando ella la frenó.
—Mandaré a buscarla… ¡¡Nahomi!!— No sé cómo fue o cómo sucedió, pero Rachel solo pronunció Odette en un susurro al verla girar. Inconscientemente, giré hacia la escalera.
—Ya vuelvo, iré a ver a la bebé…— Okana la ignoró, no sin antes decir que ahorita hablarían.
—No, quédate conversando con ella. Yo iré a ver a los bebés..— ataco en defensa.
No muy convencida, asintió.
Por ahora, solo me importaban las bebés de mis amigas, así que rápidamente subí las escaleras para tomar a las dos pequeñas en mis brazos. No tenía un plan y mucho menos había imaginado que Okana no fuera ella.
Confundida y asustada ante la situación, puse a la pequeña de Okana en mi espalda y a Eda al frente con los portabebés. Salí de aquella habitación en completo silencio para entrar a la supuesta oficina y buscar algún arma. Sin encontrar nada, fui directamente a su habitación, encontrándome con el cuerpo de Serhat sin vida.
—Lo siento mucho…— Cerré sus ojos con mis dedos para tomar su arma.
Comencé a buscar entre los cajones más armas, pero me era imposible al tener a dos bebés en mi cuerpo; perdía el equilibrio, además de que no podía hacer ruido. Deseaba que no despertaran rápido y que solo se limitaran a seguir haciendo lo que hasta ahora hacían: dormir.
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Quédate.
Teen FictionEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
