No podía simplemente quedarme allí, flotando a la deriva en el agua, sin hacer lo necesario para ponerme a salvo. Asustadas y nerviosas por lo que el futuro inmediato nos deparaba, comenzamos a nadar, buscando la manera de alcanzar el bote lo más rápido posible. Debíamos volver a casa, sanas y salvas.
No sabía con exactitud qué estaba sucediendo a mi alrededor en esos momentos, pero sí me sentía satisfecha por todo lo que había hecho. Una parte de mí estaba realmente emocionada por haber asesinado al culpable de la muerte de mi amado, pero la otra simplemente lo imaginaba con el ceño fruncido, reprochándome el hecho de haberme puesto en peligro.
—Ven, volvamos a la avioneta juntas —dijo una voz.
La nostalgia ante la pérdida se hizo presente al dejar que la adrenalina drenara por cada pequeña fisura que había en mi alma. El camino a casa fue realmente frustrante; no dejaba de imaginarme el cuerpo de Demián desplomado en el suelo.
Eran las tres de la mañana, lo que me garantizaba que mi familia ahora se encontraba dormida.
—Todo está bien, Keityn. Lo has hecho bien —me felicitó Dimitri al dejarme en la entrada del edificio.
Bajé de aquel coche con el corazón en la mano. Necesitaba, de alguna manera, desahogarme y llorar la muerte del hombre que había comenzado a amar con todos los latidos de mi corazón. No era justo que él ahora no estuviera conmigo, no cuando al fin se había dado cuenta de que me amaba y de que me necesitaba en su vida de la misma manera que yo a él.
El cuerpo diambulante de Emma me sorprendió al abrir la puerta. Se encontraba en el sofá dándole pecho al bebé de manera tranquila. Su mirada rápidamente se conectó con la mía en señal de nostalgia.
—Lo siento... —solté en un hilo de voz.
No sabía realmente qué hacer o por qué me estaba disculpando. Lo que verdaderamente deseaba era un abrazo y llorar hasta que las lágrimas de mis ojos desaparecieran o simplemente se secaran.
—Qué dices. No tienes por qué disculparte.
—¿Papá? ¿Y los niños? —intenté cambiar el tema.
—Papá está en tu cuarto, ha ido a arreglar la cuna de Byron. No ha podido descansar esperando que llegaras.
—¿Dormirás conmigo?
—Claro, jamás te dejaré sola. Menos en esta situación.
Al salir de la habitación y verme junto a Emma, decidí simplemente caminar hacia el sin decir ni una sola palabra. Abrió sus grandes brazos para envolvuelveme en un ambiente cálido y tranquilo, provocando que todo aquello que me carcomía por dentro fuera explicado en medio de lágrimas.
Era necesario que llorara, que sacara todo aquello que había estado guardando desde hacía mucho tiempo atrás. Ya estaba cansada de fingir que todo estaba bien cuando evidentemente no era así.
✨🔮✨
..A altas horas de la madrugada, un reporte sacudió la tranquilidad: el derrumbe de la Isla Oscuridad, también conocida como la isla de los narcos. Fuentes importantes informaban que el incidente se debía a grandes explosiones, las cuales se encargaron de dejar el lugar irreconocible. Aún se desconocía el motivo de dicho accidente, aunque muchos no descartaban la idea de que se debía a las grandes rivalidades con la mafia italiana, aquella que por años había estado sembrando el caos en las calles de Seattle.
Mamá se encontraba viendo las noticias con una calma asombrosa mientras preparaba el desayuno.
—Ajustes de cuentas... —susurró papá al verme enfocada en las imágenes que se transmitían en la pantalla.
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Quédate.
Novela JuvenilEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
