Qué noche tan inesperada y deliciosa se presentaba. La invitación de la madre de Demián a quedarnos resonó en mí como una dulce melodía, una oportunidad que mi corazón no podía rechazar, especialmente sabiendo que mis traviesos invitados estaban tan cerca, inmersos en su propio mundo de juegos.
—"Una ventaja.— pensé con una chispa de picardía danzando en mis ojos".
Comencé a dibujar círculos invisibles sobre la piel de su brazo, un preludio silencioso a lo que mi cuerpo anhelaba. Sin darle tiempo a anticipar mi movimiento, mis labios se posaron sobre los suyos, un asalto dulce que lo tomó por sorpresa, aunque solo por un instante fugaz. Enseguida, sus manos encontraron mis mejillas, profundizando el beso con una intensidad que encendió una llama en mi interior.
Con una agilidad juguetona, lo empujé suavemente hacia el lecho, aprovechando el momento para montarlo a horcajadas.
—Bonita —susurró él, una sonrisa traviesa curvando sus labios al darse cuenta de que esta vez, yo tomaría las riendas.
—Cerré con seguro —respondí con una voz suave pero firme—, nadie nos molestará.
Con movimientos lentos y deliberados, me despojé de mi vestido y mi ropa interior, sintiendo la anticipación crecer con cada centímetro de piel expuesta. Quería saborear el momento, la conexión antes de la unión física. Sin embargo, antes de que pudiera concretar mi suave invitación, sentí sus manos en mis brazos, impulsándome hacia atrás con una fuerza inesperada.
En un instante, la situación dio un vuelco. Me encontré inmovilizada, sin poder protestar ni resistirme mientras lo sentía entrar en mí de una manera cruda y apasionada. Cada fibra de mi ser tembló ante la intensidad de la sensación, mi piel erizándose en respuesta a su invasión. Un gemido temeroso escapó de mis labios mientras mi espalda se arqueaba involuntariamente, mis sentimientos a flor de piel en esta danza inesperada de poder y deseo.
Un torbellino de sensaciones encontradas me invadió. Sí, me gustaba la intensidad, la forma en que mi cuerpo respondía sin reservas a su toque. Y no, no quería que se detuviera, a pesar de que mi plan inicial se había desdibujado en un giro inesperado.
Había osado invertir los roles, dejándome a su merced, una sumisión que, aunque no planeada, despertaba en mí una extraña mezcla de excitación y vulnerabilidad.
—Demián —susurré, mi voz apenas un hilo tembloroso. Cada centímetro de mi piel vibraba, una cascada de cosquillas recorriendo mi cuerpo como olas de un mar agitado.
—Esto no acaba —pronunció con una sonrisa triunfal en sus labios, dejándome exhausta pero inexplicablemente anhelante.
Sin poder articular una protesta, sentí sus manos posarse en mis caderas, una posesión tácita que invitaba, o más bien, impulsaba mi cuerpo a su voluntad. En esa postura de entrega, lo sentí estimularme de nuevo, la presión lenta y deliberada de su miembro contra mi entrada, una tortura deliciosa que avivaba las brasas de mi deseo.
Se suponía que debíamos permitir que la marea del orgasmo se retirara por completo, dejando nuestros cuerpos en una calma lánguida. Pero su impaciencia, su anhelo por mí y por todo lo que podía ofrecerle, no me permitía ese respiro.
Y yo, ¿molesta? Jamás.
En cada encuentro con él, descubría una nueva faceta de mi propia sensualidad, un abanico de placeres que exploraba con una curiosidad insaciable, sin importarme el agotamiento físico. Cada experiencia, cada intercambio lascivo, era un descubrimiento, una inmersión profunda en las aguas turbulentas del deseo compartido.
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Narrado por Demián
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Quédate.
Teen FictionEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
