CAPITULO 15

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Jamás habría concebido la posibilidad de presenciar a Demián en un estado de ánimo jovial; tal eventualidad se antojaba como un oxímoron para el común de la sociedad, y ciertamente para nuestro círculo más inmediato. Kelly y yo nos encontrábamos inmersas en los preparativos para nuestra inminente salida, merced a la generosidad de nuestro jefe, quien nos había concedido el día libre. Tal dádiva, según sus propias palabras, obedecía a la inminencia de nuestra partida, pues nuestro periplo laboral llegaba a su fin en el transcurso de la siguiente semana.

Kelly, con destreza, manejaba mi rizadora, confiriendo a su cabellera unas ondas suaves y elegantes, mientras yo, por mi parte, me dedicaba a la meticulosa tarea de aplicar el maquillaje, preparándome para nuestra excursión. Si el destino nos convocaba a compartir una salida, era menester que ambas nos presentáramos en un estado de impecabilidad. En esta ocasión, habíamos decidido hacer una pausa en nuestro habitual atuendo monocromático, optando por una combinación de shorts y suéteres, una elección que prometía comodidad y libertad de movimiento, pues éramos conscientes de que el día nos depararía largas caminatas.

—¿Crees que podríamos ir a la playa después de hacer las compras?.

—Tal vez.

Juntas, tomamos un taxi hacia la empresa, llevando el desayuno para Demián y Alex. La gente podría pensar que éramos una pareja, con lo cercanos que estábamos.

Al llegar, Alex le da un beso a Kelly en señal de saludo.

—Si necesitan algo, nos avisan.

— No gracias.

—Solo es una sugerencia —suelta Kelly, dándole otro beso a Alex.

—Déjala, amor, está celosa —bromeó Alex.

—¿Celosa? Solo digo la verdad —respondí, sin querer crear tensión.

Decidí dejarlos a solas y me levanté de la silla de Demián, buscando un vaso de whisky.

"Hay que disfrutar el momento".

*nunca se sabe qué pasará mañana".

De repente, la voz de Demián interrumpió mis pensamientos: "—¿Cuánto tiempo llevan aquí?". Lo miré, y aunque sentí una leve punzada de humor, me mantuve serena.

—Unos diez minutos —respondió Kelly, separándose de Alex.

—Tienen diez minutos aquí dentro y no han follado, eso es un avance... — La ironía mordaz me arrancó una carcajada, una explosión de alivio que resonó en el espacio cerrado. Alguien, por fin, había puesto las cartas sobre la mesa.

—Y tú...— suelta, señalándome con un dedo acusador, —..deja de tomar alcohol tan temprano.

—Son las diez de la mañana.— respondo, con una sonrisa burlona.

Para mi sorpresa, una sonrisa se dibujó en su rostro, una rareza matutina. Se acercó a mí, y en un gesto inesperado, me besó. Un beso profundo, cálido, delicioso. Me separé lentamente, mis ojos escrutando los suyos, buscando alguna señal de doble intención. Él no era dado a demostraciones públicas de afecto, y esa repentina efusión me dejaba perpleja.

—Quita esa cara.— articula, con un tono suave, casi divertido. — Nadie ha muerto. Además, estoy de buen humor.

—¿En serio?.—pregunté, la ironía goteando de mis palabras. —Si no me lo dices, no me doy cuenta.

—Después no te quejes.— responde, con una sonrisa enigmática.

¿Quejarme? Sí, claro que me quejaría. Pero jamás, jamás le daría la satisfacción de saberlo. En ese momento, la atmósfera cambió. La tensión se disipó, reemplazada por una corriente de complicidad silenciosa. Él, con su humor impredecible y sus gestos inesperados, y yo, con mi escepticismo y mi sarcasmo afilado. Éramos un equilibrio extraño, pero perfecto.

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora