La palabra "Sida" resonaba en mi mente, un eco persistente que me taladraba el alma una y otra vez. Una punzada helada me recorrió el cuerpo, paralizando mis manos y desatando una tormenta de nervios en mi interior. ¿Cómo había podido ser tan descuidada, tan ajena a las posibles consecuencias? Un escalofrío de terror me invadió al comprender la magnitud de la situación.
—No, esto no puede ser.— dije, dándome una reprimenda mental por mi pasividad. — Vamos a hacernos la prueba ahora mismo.— Con una determinación repentina, me levanté. —Espérame aquí, vuelvo en un instante.
Corrí a mi habitación, mis pies apenas tocaban el suelo mientras me calzaba a toda prisa.
—Ya regreso.— anuncié con la voz entrecortada.— Iré a una clínica.
Demián, con el rostro marcado por la preocupación, se levantó de inmediato.
—¿Qué te sucede? ¿Te llevo? Estás pálida.
—Ahora les explico todo.—respondí apresuradamente. —Demián, cuida de los Demonios.— Y sin darle tiempo a replicar, salí disparada de la casa, con el corazón latiéndome salvajemente en el pecho.
En mi mente, una tenue esperanza luchaba por abrirse paso. Habíamos usado protección, un delgado escudo contra lo desconocido. ¿Sería suficiente? La incertidumbre era un nudo apretado en mi garganta. ¿Qué sería de mi vida a partir de ahora? ¿Qué pasaría con Demián, con nuestro amor?
A mi lado, Federico irradiaba una mezcla de desesperación y nostalgia. Su mirada se mantenía fija en la autopista, absorto en sus propios pensamientos sombríos. Sabía que estaba asustado, profundamente apenado por la pesadilla que se cernía sobre nosotros.
Su ex novia, con una crueldad inesperada, le había entregado unos días atrás un examen de sangre que revelaba su diagnóstico de VIH, culpándolo a él como la fuente de la infección, ya que él había sido su única pareja. La noticia lo había golpeado con la fuerza de un huracán, impulsándolo a realizarse su propia prueba, cuyos resultados confirmaron sus peores temores.
Ahora, la incertidumbre nos envolvía a ambos en un manto de angustia. ¿Cómo debía reaccionar ante esta eventualidad? ¿Qué se suponía que debía hacer si mi prueba reflejaba el mismo fatídico resultado? ¿Qué sería de mí, de mi futuro, de la hermosa vida que había construido junto a Demián? Las preguntas danzaban en mi cabeza, sin encontrar respuestas que pudieran aliviar la opresión en mi pecho.
Al cruzar el umbral del imponente hospital, la urgencia nos impulsó a romper el silencio.
—Ambos venimos por la prueba de VIH —me atreví a decir, con una firmeza inusual en mi voz. Por primera vez, la cortesía habitual se sintió como un lujo innecesario ante la apremiante necesidad.
La respuesta de la recepcionista fue un jarro de agua fría. — La tendrán lista para mañana.
Una punzada de impaciencia me recorrió. —La necesitamos para hoy —insistí, agradeciendo en silencio la presencia de Federico a mi lado, cuyo apoyo me daba la fuerza para no desfallecer—. Si vinimos hasta aquí es porque sabemos de la reputación de esta clínica, de su eficiencia y rapidez.
La mujer tras el mostrador suspiró, su semblante se suavizó ligeramente ante nuestra evidente angustia. —Déjame ver qué puedo hacer por ustedes —respondió, dejando entreabierta una pequeña ventana de esperanza en medio de nuestra desesperación.
Narrado por Federiko
Un torbellino de emociones me azotaba. Apenas unas semanas atrás, Alejandra, mi ex novia, había irrumpido en mi vida con la devastadora noticia de su diagnóstico de VIH, un golpe que había hecho temblar los cimientos de mi existencia. En medio de esa turbulencia, y tras casi dos meses de intentar conquistar el corazón de Keityn, el destino había cruzado mi camino con Marisa.
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Quédate.
Teen FictionEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
