Capítulo 64.

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—Aún no puedo creer que te haya vuelto a ver, hace años que no sé de ti —se separó de mí.

—Es raro que Emmanuel no te haya dicho nada, ese hombre no puede estar con la boca callada.

Rachel era muy hermosa. Cabello castaño, ojos café y una hermosa sonrisa que caracterizaba a las latinas; ella era de Venezuela, lo cual le daba aquel aire de sensualidad y belleza al mismo tiempo.

—¿Alguna puede explicarme qué está sucediendo? —soltó desconcertado Dimitri.

—Supongamos que nos conocemos de Nueva York... —Rachel comentó con una gran sonrisa—. Somos grandes amigas, eso creo.

—Claro que aún lo somos —reí ante lo mencionado.

Ambas comenzamos a conversar sobre todas las cosas que habían comenzado a suceder de manera misteriosa en nuestras vidas. Entre ellas, evidentemente, estaban esos hombres, que, quisiéramos o no, eran personas peligrosas ante los ojos de otros y realmente perfectas a los nuestros.

—¿Están aquí? —se sorprendió—. Con razón no vi a Linsy corriendo calle abajo en los patines.

—Llevan algunos días, hoy por lo menos ni los he visto, ayer me quedé con mi pareja.

—¿Demián, no?

—Sí.

—Se ve que tiene un carácter de mil demonios, lo conocí y no me cayó para nada bien.

—Te creo.

—Por lo que veo no te deja tranquila ni un minuto —vi cómo Demián caminaba hacia donde nos encontrábamos.

Esto no podía ser peor.

—Llegaste rápido —escuché a Dimitri decirle a su amigo.

Así que lo había invitado.

—Estaba cerca —mintió. Su mirada rápidamente cayó en la mía mientras yo solo seguía conversando con Rachel, ignorándolo.

Ambas pedimos lasaña, ya que esa era su comida favorita y también la que solíamos hacer cuando nos reuníamos en alguna de nuestras casas.

Nos encargamos de ponernos al tanto de las cosas más importantes y primordiales de cada una.

—Me la llevaré a mi lugar de trabajo, te la llevo en la noche —me despedí de Dimitri para luego salir de aquel restaurante junto a ella.

Habíamos perdido comunicación y rara vez nos veíamos cuando visitaba a mi familia. Su trabajo y el mío siempre nos ponían entre la espada y la pared; apenas podíamos entablar una conversación sin quedarnos dormidas en el proceso.

—Por lo que veo estás molesta con Demián.

—Es que se ha puesto histérico y comenzó a celarme de Dimitri.

—Hombres.

—Aun cuando no espero nada de ellos, sigo decepcionándome.

Ambas reímos para tomar un taxi e ir directamente hacia mi lugar de trabajo. Al llegar a la empresa, no pude evitar reírme de la cara de satisfacción de Rachel al ver la entrada; no podía creer que hubiera tantos diseños juntos.

—¡El mejor diseñador del mundo! —Santiago vociferó con orgullo mientras terminaba de arreglar algunos detalles del vestido de Fernanda.

—Ya veo —Rachel sonrió feliz, robándose los corazones de los presentes.

Era evidente que su esencia lograba tal cosa; donde sea que llegara era así. Ella y su mejor amiga Melany.

—¿Para estas fechas tú ya tendrías el bulto en la panza? —Santiago me preguntó al verme concentrada en uno de los diseños de la tablet.

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora